…y un buen día, ese día que tal vez uno nunca espera, se presentó el ángel de la muerte en el umbral de mi puerta y me pregunto… “-¿estás listo?”, pocas veces me encontré tan mal preparado para una pregunta, me desconcertó ver a una mirada amorosa, calma, contenedora, una imagen muy diferente a la del estereotipo que uno cree gracias a la perspectiva tenebrosa que el hombre tiene de ella…ante mi gesto perplejo él insistió… “-¿estás listo?”....apiadándose de mi desconcierto me dijo… “-excelente tarea, has ayudado a traer más gente al mundo, has sido bueno y piadoso con tus semejantes, has generado pensamientos de esperanza en quienes quisieron y estuvieron a tu lado para escucharte, crees en el amor y sientes que no existe mejor maravilla en el mundo que el ser humano mismo, debo felicitarte, un hombre como tú no debe temer a la muerte”…mientras mi mente trataba de elaborar una respuesta a la primer pregunta también luchaba por decodificar el mensaje que a las postres había recibido.
Fue cuando mi respuesta apareció: -“debo ser sincero, no temo, pero me dejaste sin palabras, creo que la vida es eterna, por lo tanto, no reniego de tu tarea, es quizás mis ganas de seguir haciendo las que me impiden tener una respuesta y me dejan perplejo ante tu consulta. Cuantas veces pensé que podía posponer algo para un mañana que ahora me anoticias que no llegará, cuantos besos dejé para más tarde hacia mis hijos, mi esposa, besos que ahora se que físicamente no podré entregar. No creí nunca encontrarme parado frente a ti dialogando acerca de un futuro, puesto que tampoco esperé un futuro solo viví el presente que se me presentaba, a diario, como una única herramienta para crear el devenir de mi vida….surge la pregunta…en donde y como quedarán mis creaciones pasadas, las que hace instantes hice…si bien sé que es energía y es imposible perderla…pero me deja con una incógnita…la verdad…NO, no estoy listo y acabo de caer en cuenta que nunca lo estuve….”.
El ángel me miró, apenas esbozó una mueca disfrazada de sonrisa, y pregunto: -“¿es que no temes de mi presencia?, ¿crees que esto es común?, cuando hago la pregunta a quien debo llevar de nuevo a casa, la mayoría en su amnesia lloran, temen, se enfadan…veo que has pulido tu memoria, no solo por tu comportamiento, sino por tu existencia.
Existen dos situaciones que ahora me generan un dilema en mi trabajo la primera, crees en que tu tarea aún no está terminada, lo que me impide dejar las cosas hechas a medias y segundo, no crees en mi como algo posible, ya que declaraste que crees en una vida eterna, y ante la divinidad que en ti habita plantea un nuevo escenario, ya que lo que tu crees es lo que creas y esto me deja fuera de foco…¿cómo es que debo obrar yo en esta situación?.
No pretendo que tu estancia sea milagrosamente larga en la tierra, la experiencia siempre tiene un límite y ese límite se lo da el mundo de las formas, así a partir de ahora dedícate a servir con más ahínco a otros, dedícate a vivir, con más pasión que nunca, comienza a creer en mi, para que todo en tu vida sea un aquí y ahora eterno, sin más demoras y espérame algún día con una respuesta concreta, para poder tomar una decisión definitiva”.
Desde entonces, vivo cada día con la amorosa presencia de este ángel que me ayuda a vivir la plenitud del día a día, como un último día, dejo de esperar mañanas para vivir ahoras y creo en el ser humano como una chispa divina en continuo esplendor.

Gustavo Agüera

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