LA CRONOBIOLOGIA, NUESTRO RELOJ BIOLOGICO IRREEMPLAZABLE

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La actividad de cualquier ser viviente es un fenómeno que se manifiesta siempre con una variación regular y no como un proceso continuo. La vida es un fenómeno rítmico. Así, cuando estudiamos una actividad vital en relación al tiempo, sea de la índole que sea, como puede ser, p. ej., la excitabilidad de un músculo o de un nervio, el crecimiento, la reproducción, el comportamiento, la respiración, etc., hallamos unos ciclos o periodos, que nos indican claramente cómo dichas actividades no se desarrollan de forma continua. Su estudio puede hacerse atendiendo a la descripción y análisis del fenómeno. Al investigar en las causas de estos «relojes biológicos» se demuestra que gran parte de ellas tienen un origen externo, como pueden ser la fotoperiodicidad, los cambios climáticos estacionales, las mareas, etc. De acuerdo con la duración de estos ritmos extrínsecos se distinguen los nictemerales o circadianos, cuando el periodo es de 24 horas; los mensuales y los anuales.

Los ritmos extrínsecos están impuestos desde fuera del ser vivo; los factores desencadenantes son: el ambiente (la luz, la humedad, la temperatura, la salinidad, etc.) y los fenómenos cósmicos (alternancia día-noche, fases lunares, variaciones de estaciones, etc.). Los factores externos actúan sobre el organismo a través de su sistema nervioso, y éste normalmente acciona el sistema endocrino. Por otra parte, existen también fenómenos rítmicos cuya causa es interna y no está determinada por factores ambientales, aunque éstos pueden modificarlos. Estos ritmos intrínsecos, como el latido cardiaco, los movimientos respiratorios, etc., tienen una cadencia más elevada y, por su origen, deben formar un grupo aparte de los mencionados anteriormente, pues son independientes de los fenómenos cósmicos. El ritmo intrínseco es, pues, autónomo.

El conocimiento de los ritmos biológicos tiene un interés muy amplio para el hombre, no sólo para la comprensión de las cuestiones teóricas que encierran, sino también por las aplicaciones prácticas que surgen de tales conocimientos.

No deja de sorprender que, a principios del siglo XX, el análisis de los ritmos biológicos se limitase a algunos pocos estudios de botánica, principalmente sobre el comportamiento de plantas sensibles al contacto físico y acerca del horario de apertura de los pétalos de diversas especies florales. Incluso hasta los años sesenta del pasado siglo, el descubrimiento de una nueva función u organismo que presentase una actividad rítmica se consideraba de gran interés y/o relevancia sólo para unos pocos, pero era recibido con indiferencia y/o escepticismo por la mayor parte de la comunidad científica. Desde entonces, nuestro conocimiento sobre los fenómenos asociados al ritmo biológico ha crecido de forma exponencial en estudios sobre la alternancia vigilia-sueño, sobre el papel del ritmo circadiano en el ser humano y en otros muchos organismos y sobre la presencia de otros ritmos biológicos ultradianos, infradianos, estacionales, etc.
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