Disciplina vs. Castigo



Muchos padres piensan que disciplinar es sinónimo de castigo, lo cual es incorrecto. El castigo es una forma ineficaz y dañina de disciplinar. La palabra disciplina debe ser vista como enseñanza, diálogo, orientación, dirección, refuerzo, reconocimiento, entre otros. El amor es lo que hace la diferencia entre castigo y corrección. Cuando los padres enfadados quieren cortar por lo sano y aplican la vara con ira, difícilmente logran corregir el error o la mala tendencia del niño. Cuando los padres pierden el control y aplican el castigo con palabras fuertes y con gritos, el niño puede quedar asustado de momento, pero interiormente no ha hecho ningún propósito de cambiar.



Mientras más se sienta amado un niño, más fácil es disciplinarlo. La razón es que un hijo tiene que identificarse con sus padres a fin de aceptar su orientación sin resentimientos ni hostilidad, sin hacer resistencia pasiva. Si el hijo no se identifica con sus padres, creará resentimiento, en lo que se refiera a la autoridad, se inclinará por entero a hacer exactamente lo opuesto a lo que se espera de él. Esa actitud se ha vuelto sumamente común.



Muchos padres, especialmente aquellos que no recibieron mucho amor en su propia niñez, tienden a pasar por alto la importancia de formar a un niño. Ellos consideran que la principal tarea de la paternidad es castigar en lugar de emplear otras formas más positivas de disciplina. Para que la disciplina sea efectiva, los padres tienen que mantener lleno el tanque emocional de sus hijos con amor.



Cuando un niño se porta mal, lo que ha hecho no debe ser tolerado. Sin embargo, si no sabemos lidiar con eso o somos demasiado ásperos o demasiado indulgentes, tendremos más problemas en un futuro con ese niño y esos problemas empeorarán según vaya creciendo. Si necesitamos disciplinar a un niño guiándolo hacia una buena conducta, el primer paso en ese proceso no es el castigo, hay que hablar con firmeza y cariño a la vez.



El punto de equilibrio de la disciplina



Históricamente cada cultura ha fijado expectativas de lo que se considera un comportamiento maduro y ha ideado medios a través de los cuales puede lograrse esto. Únicamente en este siglo hay gente que ha supuesto que los niños no necesitan disciplina. Este enfoque de "carta blanca" hacia la paternidad permite que los hijos hagan lo que se les ocurra, no produce hijos felices ni responsables.



Para alcanzar el punto medio en una buena educación, se debe tener claridad acerca de los valores que se quiere inculcar; establecer unas reglas sencillas y comprensibles para el niño, y transmitirías con afecto y firmeza. En el cumplimiento de estas se debe ser flexible, dentro de lo razonable; por ejemplo algunas reglas pueden servir para el más pequeño, pero no tienen la misma efectividad con uno más grande. Al mismo tiempo, se deben tener límites y estimular la capacidad para tomar decisiones, con el fin de que los hijos sean cada vez más autónomos e independientes. Para esto, los padres deben mantener una actitud firme, de autoridad con dignidad y respeto.



Para lograrlo es necesario:



- Ser siempre constante y consecuente en las exigencias disciplinarias.

- Explicar la razón de los límites que se le imponen cuando es posible hacerlo.

- Darle a conocer al niño lo que pasa cuando rompe las normas.

- Ayudarle a desarrollar el autocontrol.

- Explicarle los comportamientos que enojan a los adultos.

- Actuar rápidamente cuando se porte mal sin permitir que el problema aumente.

- Ser consistente. Ponerse de acuerdo con los otros miembros de la familia en los métodos de disciplina. De esta forma el pequeño siempre sabrá qué pasa si no sigue las reglas.

- Evitar el conflicto de poderes. La disciplina no es un juego en el que hay un ganador y un perdedor.

- Respetar al niño y permitirle no estar de acuerdo en algunas ocasiones.

- Darle sugerencias positivas y estimularlo para que tome decisiones.



Bibliografía

LÓPEZ, María Helena. Tareas sin peleas, Intermedio, Colombia, 2003.

MARTÍNEZ, Baudilio. Educar con límites, Alfaomega-Norcea, México, 2003.

WHITE, Elena G. de. Conducción del niño, Asociación Publicadora Interamericana, México, 2004.

FELDMAN R., Jean. Autoestima para niños, Alfaomega-Norcea, México, 2003.

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