Al leer de qué iba a hablar en el texto de hoy imagino en usted dos posibles reacciones:

  • Un cierto escepticismo (por algo ningún estudio científico ha logrado a día de hoy validar de forma concluyente la eficacia de las Flores de Bach).
  • Satisfacción al ver que por fin tratábamos este método curativo (no es casualidad que cada vez esté más extendido; incluso en Suiza o Inglaterra lo asumen sus sistemas públicos de salud cuando lo prescribe un médico).

Así, pese a que los escépticos cuestionan su eficacia, las Flores de Bach cada vez tienen más éxito. En Italia, por ejemplo, se preparan mezclas en la mayoría de las farmacias.

Las Flores de Bach son 38 remedios naturales preparados a base de flores y plantas. Se obtienen de forma homeopática, y cada uno de ellos está indicado para tratar un trastorno emocional distinto. Mediante la armonización de los estados negativos, las Flores de Bach ayudan a reestablecer el equilibrio emocional. Esto no sólo resulta beneficioso para la salud psicológica, sino que además estimula la capacidad propia del cuerpo para curarse a sí mismo. En otras palabras: tratando una emoción distinta, se logra un beneficio para la salud.

Es un método mucho más profundo de lo que se pueda imaginar a priori. Lo utilizan médicos, enfermeros, psicólogos… ¡y usted mismo a partir de ahora, si quiere adentrarse en él!

¿Quién era Bach?

Si piensa que debía tratarse de un curandero o de un hombre alejado de la ciencia, nada más lejos de la realidad.

Edward Bach (sin ninguna relación con el famoso músico), fue un médico inglés nacido en 1886.

Con 20 años empezó sus estudios de Medicina en la Universidad de Birmingham, donde nació. Luego se trasladó a Londres y completó sus estudios médicos en el University College Hospital, donde obtuvo varios títulos académicos: Miembro del Real Colegio de Cirujanos y Licenciado del Real Colegio de Médicos.

En 1913 obtuvo otras dos licenciaturas: la Medicinae Baccalaureus, y la Licenciatura en Ciencias. Y luego añadió otro título más de la Universidad de Cambridge en 1914: Diplomado en Salud Pública.

Y todo ello mientras ejercía como cirujano en el National Temperance Hospital y más tarde también en el departamento de Bacteriología del Hospital Universitario de Londres.

En este último descubrió la existencia de gérmenes en los intestinos, lo que le permitió establecer un vínculo con ciertas enfermedades crónicas. Identificó siete grupos de gérmenes según su acción de fermentación en el azúcar y así fue como creó los “nosodes de Bach”, unas vacunas orales frente a los siete grupos de bacterias intestinales.

El paciente, más importante que la enfermedad

Al observar a sus pacientes el Dr. Edward Bach se dio cuenta de que los estados de ánimo negativos alteraban su día a día, pero también su salud. Sin embargo, se percató de que la medicina no se centraba en el origen de las enfermedades, sino en la búsqueda de un alivio más o menos duradero. “Es el paciente quien necesita ser tratado, no la enfermedad”, diría en numerosas ocasiones.

A partir de esta concepción de la enfermedad concluyó que las tensiones emocionales consumían innecesariamente la energía vital; dicho de otra manera, que eran la verdadera razón de ser de las enfermedades. Y siguiendo ese mismo enfoque, la felicidad era la clave de la salud.

Según el Dr. Bach, el miedo, la depresión, la ansiedad y la intranquilidad debían dejar espacio a la paz y a la serenidad. A partir de ahí la enfermedad, que es la condensación de una actitud mental, ya no tenía razón de ser.

¿Por qué flores?

A los 43 años, Bach dejó su gabinete en Londres para mudarse al campo, al pequeño pueblo de Brighwell-cum-Sotwell, a la casa que puede ver en la imagen (y que hoy se puede visitar gratuitamente, incluyendo el jardín, donde siguen cultivándose las plantas de las flores que se utilizan).

El Dr. Bach estaba convencido de que en la naturaleza encontraría la solución a las enfermedades. Gracias a sus conocimientos de botánica, pero también por medio de su intuición y gran sensibilidad, encontró 38 flores que se correspondían a las principales emociones perturbadoras y que dividió en siete grupos:

  • Miedo.
  • Incertidumbre.
  • Falta de interés en el presente.
  • Soledad.
  • Hipersensibilidad a las ideas e influencias.
  • Abatimiento o desesperación.
  • Preocupación excesiva por el bienestar de los demás.

Según el Dr. Bach, una vez identificadas esas emociones, las plantas tienen la capacidad de revertir los estados negativos, por lo que son la solución sencilla y natural a los múltiples obstáculos de la vida cotidiana.

No consigo hablar en público”. “No estoy a la altura”. “Me siento culpable”. Todos estos son pensamientos negativos que distraen de la verdadera naturaleza del hombre pero, según el Dr. Bach, bajo el efecto de los elixires florales pueden transformarse en cualidades positivas. Es de esta manera que todo el mundo puede recuperar la paz interior. Y de paso contribuir a la buena salud.

¿Cómo acercarse a este universo?

Actualmente estos elixires se siguen preparando de acuerdo con las instrucciones del Dr. Bach. Primero se recogen las flores, pero con cuidado de no tocarlas directamente (se deben emplear diferentes herramientas). Después las flores se dejan al sol en un tazón de agua de manantial, tras lo que se filtra el agua y se mezcla con alcohol para crear la tintura de la que se obtendrá el producto final.

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