" Los padres deberian informarse antes de vacunar a sus hijos " Enviado por Silvana Pisari

Por Lynne Born (En inglés en http://www.westonaprice.org/children/vaccinations.html )

Debido a que la falta de información en torno a la vacunación es tan predominante, muchos padres nunca se cuestionan si deberían o no vacunar a su hijo, pasando por alto una de las decisiones más
importantes que un padre puede tomar sobre la salud de su hijo. Como la
medicina convencional dice que la vacunación es segura, la mayoría de
los padres simplemente aceptan la vacunación, completamente
inconscientes de los peligros potenciales e incapaces de reconocer una
reacción seria cuando ésta ocurre. Y además como los departamentos de
salud del gobierno y el sistema escolar dan la impresión de que la
vacunación es una obligación para todos los niños, la mayoría de los
padres creen que se les requiere legalmente vacunar a sus hijos. Pero
el hecho es que somos libres de rechazar toda la vacunación, o adoptar
un plan parcial de vacunación, una decisión muy importante para la
salud y el bienestar de su hijo.

Desinformación

Debido a que las vacunas son usadas predominantemente en nuestros inocentes hijos, la mayoría de la gente asume que todas las vacunas han sido sometidas a pruebas y rigurosos estudios probando que las vacunas
son seguras y efectivas. A los padres se les ha dicho muchas veces que
las campañas de vacunación en masa terminaron con múltiples epidemias
en el mundo, que las vacunas son efectivas previniendo las enfermedades
a las que son dirigidas, que los efectos secundarios son raros y
generalmente consisten en brazos doloridos o fiebres leves que se pasan
rápidamente.

Sin embargo, los padres que se toman el tiempo de indagar en la materia y retirar ese velo de desinformación se encuentran con que estas afirmaciones carecen de un respaldo científico sólido. No sólo
nunca ha habido un único estudio a largo plazo comparando la salud y el
 bienestar de los niños vacunados y los no vacunados, sino que pueden
encontrarse fácilmente múltiples ejemplos  de niños vacunados
adquiriendo las misma enfermedad contra la cual habían sido vacunados.
Es más, hay una evidencia abrumadora de que las vacunas pueden ser
extremadamente dañinas, pueden discapacitar permanentemente e incluso
matar a nuestros niños. Y el sistema actual de registrar y notificar
las reacciones adversas al Sistema Español de Farmacovigilancia (SEFV)
es ejecutado descuidada y pobremente, y es voluntario no obligatorio,
incluso cuando un niño ha sido discapacitado permanentemente o matado
por una vacuna.


Las vacunas impiden la inmunidad natural

Cuando un niño es infectado por una enfermedad transmisible, su sistema inmunitario responde a través de una sofisticada red de reacciones entrelazadas que pueden producir inmunidad de por vida a
enfermedades infantiles naturalmente adquiridas. Estas milagrosas
defensas existen, en parte, para evitar que los microbios y virus
invasores se apoderen de los sistemas y órganos del cuerpo.

Pero las vacunas, que contienen virus vivos y muertos, bacterias muertas, ADN modificado genéticamente y conservantes químicos, son inyectadas directamente en el flujo sanguíneo, traspasando la respuesta
inmunitaria natural. Esto priva al organismo de la habilidad de
desarrollar naturalmente una inmunidad de por vida en toda su
complejidad multifacética a enfermedades infantiles normales como el
sarampión, las paperas y la varicela. La vacunación en masa es un
intento del hombre de quitar la respuesta natural del desarrollo humano
y reemplazarla con una serie de infecciones y respuestas inmunitarias
impuestas artificialmente y determinadas por el plan de vacunación del
médico.

Demasiadas inyecciones

Hace treinta años, los niños recibían un total de cuatro vacunas, pero hoy, un niño totalmente vacunado recibe la pasmosa cantidad de 37 a 50 vacunas durante sus tempranos y formativos años de vida, cuando su
sistema inmunitario es más vulnerable. Incluso el sistema inmunitario
de un adulto sería desafiado por tantas vacunas en un periodo tan corto
de tiempo. Mientras que los niños no vacunados nunca
desarrollarán cada enfermedad contra la que los niños son vacunados,
sus organismos son forzados por los planes de vacunación a responder a
todas
. Además, la vacuna DPT fuerza una respuesta
inmunitaria a la difteria, el tétanos y la pertussis en el mismo día,
un evento que nunca ocurriría en la vida real
. Es más, no
hay virtualmente estudios o investigación científica sobre los efectos
de múltiples vacunas virales y bacterianas puestas en combinación o en
próxima sucesión, y cómo afectan al cuerpo humano
.

Evidencia del daño de las vacunas

La profesión médica es extremadamente reacia a reconocer las reacciones adversas de la vacunación, incluso cuando la reacción es instantánea o ocurre dentro de unas pocas horas, e incluso con adultos
que pueden verbalizar claramente sus reacciones negativas, lo que los
bebés no son capaces de hacer. Y como no hay estudios que hayan seguido
la pista a los efectos negativos que ocurren a largo plazo, las
reacciones que aparecen días, semanas o años más tarde son casi nunca
atribuidas a la vacuna.

Un hecho poco conocido es que no existe ni un solo estudio que pruebe que las vacunas son seguras a largo plazo. «Sería un estudio tan fácil de organizar. Se usan tres grupos de niños: el primero totalmente vacunados, el segundo parcialmente vacunados y el
tercero sin vacunar. Luego se les sigue hasta 10 años y así seremos
capaces de ver los tipos de problemas que se están manifestando con
estas vacunas», dice Barbara Loe Fisher, Presidenta del Centro Nacional
de Información sobre Vacunas [1] (Referencias de las notas al final del artículo). Sin
embargo, la evidencia del daño de las vacunas no es realmente un
secreto: cientos de estudios médicos publicados han documentado tanto
fracaso de las vacunas como daños, aun así los pediatras continúan
vacunando y la mayoría de los padres ignoran estos estudios
[2]

Un ejemplo muy conocido de una reacción negativa de una vacuna a largo plazo ocurrió con la vacuna de la polio usada a finales de los 50 y a principios de los 60. En esta vacuna se encontró contaminación con
un virus de mono, SV40, que había contaminado la vacuna durante su
producción. Y aunque el virus fue descubierto en 1960, la vacuna
contaminada continuó administrándose a los niños americanos durante
tres años más con el total conocimiento de las autoridades sanitarias
del gobierno, hasta que fue retirada en 1963. Treinta años más tarde,
el SV40 ha sido aislado en cánceres de huesos, cerebro y pulmones de
adultos discapacitados y fallecidos. El desastre de la vacuna SV40
prueba una conexión directa entre una vacuna y un cáncer de lento
crecimiento que se desarrolló décadas después de la vacuna.[3]
Desafortunadamente, las autoridades no hicieron ningún esfuerzo en
encontrar y seguir a los adultos receptores de la vacuna, estudiar y
catalogar su estado de salud, o notificar su nivel de cáncer, aunque
existía una clara oportunidad para estudiar los efectos a largo plazo
de una vacuna de una manera muy directa y concisa.

Reacciones negativas retrasadas también han sido confirmadas por el trabajo de la doctora Viera Scheibner, que desarrolló un estudio de control monitor para bebés en un intento de prevenir el Síndrome de
Muerte Súbita Infantil (SMSI). Su monitor hace que suene una alarma si
el bebé detiene su respiración o muestra pautas de estrés respirando
durante el sueño. Diseñando el monitor, ella no tuvo ninguna intención
preconcebida de seguir específicamente reacciones a la vacunación, ya
que ella nunca concibió el hecho de que las vacunas fueran de algún
modo problemáticas o dañinas.

En el curso del seguimiento de la respiración de los bebés durante la noche, grabó su pauta respiratoria tras la inyección de DPT. Descubrió que la vacuna les causaba a los bebés una cantidad
considerable de estrés y que este estrés mostraba una uniformidad
notable, con picos los días 2 o 5 inmediatamente después de la vacuna,
o reacciones retardadas los días 15 a 16 o 20 a 25 en bebés que se
recuperaron y aquellos que posteriormente murieron de SMSI. El monitor
de Scheibner probó que la muerte debido a la vacuna algunas veces
ocurre semanas después de la inyección, en correlación con las pautas
de estrés que identificó. De todos modos, el periodo de tiempo más
largo les proporciona a los médicos y a las autoridades sanitarias
cualquier excusa para no atribuirlo a la inyección de DPT.

Reacciones adversas no denunciadas o registradas

Uno de los grandes peligros de la actual mentalidad pro-vacunas es el hecho de que muy raramente se da parte de las reacciones negativas o éstas son denunciadas, además de que el sistema que se encarga de
registrarlas tiene problemas normalmente con ello. Cuando una vacuna se
lanza al mercado, la vigilancia post-marketing se supone que sigue la
pista a cualquier reacción negativa de los millones de personas que
reciben la nueva vacuna. Sin embargo, no sólo es totalmente voluntario
el sistema de informar de las reacciones adversas, el 90-99 % de todas
ellas nunca son denunciadas, según David Kessler, director de la FDA
durante los 90.[4]
Y no hay nadie que te pueda asegurar que los informes llevados
directamente a las compañías farmacéuticas sean luego enviados a la
FDA, el proceso es controlado enteramente por el “sistema del honor”.

Un ejemplo muy claro de la pobre documentación adversa ocurrió durante el reciente Programa de Vacunación contra la Varicela de 2003 del Presidente Bush. Antes del programa, a la población se le dijo repetidamente que se esperaban tasas de fallecimiento por la vacuna de
uno a dos por millón. De hecho, hubo tres muertes (de las que nosotros
sabemos) entre los aproximadamente 36.000 civiles y unos pocos cientos
de convencidos seguidores que fueron vacunados. [5] Esto hace que la tasa de fallecimiento sea 80 veces más alta que aquella que el CDC
le dijo al público que se esperaría. Reacciones adversas serias como
hinchazón del cerebro, inflamación del corazón, ataques al corazón,
ulceración incontrolada de la piel, entre otros, aparecían en uno de
583 casos, tasa siete veces más alta que la original estimación del CDC
de uno de 4.000. Y todavía las autoridades sanitarias y los medios de
comunicación dominantes continúan usando los antiguos e inexactos
números en vez de una estimación actualizada del riesgo como deberían.

Incluso peor, estos números fueron probablemente en su mayor parte no notificados, ya que, al igual que con las vacunaciones infantiles, dar parte de las reacciones adversas durante la vacunación contra la
varicela no era obligatorio y era también limitado a una franja de
enfermedad de 2 a 4 semanas después de la vacuna. ¿Cuál sería la tasa
de muerte y daño de la vacuna durante los siguientes pocos meses o
años? Todos estos importantes riesgos deberían haber sido estudiados y
seguidos para una evaluación honesta del verdadero riesgo de la vacuna,
pero los investigadores perdieron esta oportunidad tan valiosa debido
al típico sistema incompleto y vergonzoso de registrar las reacciones
que refleja la pobre ciencia que hay detrás del desarrollo de las
vacunas.

La vacuna de la Hepatitis B al nacimiento

Echemos una mirada ahora a la vacuna de la Hepatitis B como una manera de examinar los problemas en el desarrollo y la introducción de cualquier nueva vacuna.

La hepatitis B es primariamente una enfermedad adulta transmitida a través de la sangre y los fluidos corporales. Las poblaciones de alto riesgo son: drogadictos, heterosexuales y homosexuales con muchas
parejas sexuales, trabajadores de la salud expuestos a sangre, y bebés
nacidos de madres infectadas. En 1996, 270 niños de menos de 14 años
fueron infectados con la hepatitis B, con sólo 54 casos en el grupo de
edad de 0-1 año.

A pesar del bajo riesgo de los niños en general, y a pesar de la facilidad de identificar a los niños en riesgo sólo haciendo pruebas específicas a las madres antes del nacimiento, el CDC añadió la vacuna
contra la hepatitis B al plan recomendado de vacunación en 1991, con la
primera de las tres dosis para ser administrada el primer día de
nacimiento antes de abandonar el hospital. En 1986, Merck & Co. empezaron a vender la primera vacuna contra la hepatitis B genéticamente modificada.
Un flagrante ejemplo de la pobre ciencia detrás del desarrollo de las
vacunas, la FDA aprobó la vacuna para su uso sólo después de que 1.636
dosis de Recombivax HB fueran administradas a sólo 653 niños que fueron
posteriormente monitorizados durante sólo 5 días después de cada dosis. [6] Como la vacuna es recomendada para el primer día de vida, a
Merck se le pidieron datos de seguridad en recién nacidos. Ellos
respondieron, “No tenemos ninguno. Nuestros estudios se hicieron en
niños de 5 y 10 años.
[7] Pero
fueron más lejos, Merck admitió en 1996 que no había datos “disponibles
de la administración simultánea de Recombivax HB con otras vacunas”
incluso aunque a los niños se les administran rutinariamente otras
vacunas junto con la vacuna Recombivax HB.

Desde la introducción de esta vacuna, ha habido cientos de informes en la literatura médica (la mayoría publicados en revistas médicas internacionales fuera de Estados Unidos) citando enfermedades
del sistema nervioso central, esclerosis múltiple, síndrome de
Guillain-Barre, artritis, graves erupciones cutáneas, fiebre, fatiga
crónica y Síndrome de Muerte Súbita Infantil (SMSI) como un resultado
directo de la vacuna.
Los padres han rellenado decenas de

miles de informes de reacciones adversas, incluyendo visitas a
urgencias, hospitalización y muertes. Un estudio en Nueva Zelanda
informaba sobre un aumento del 60 % en la diabetes juvenil tras una
masiva campaña para vacunar a bebés de 1988 a 1991 con la vacuna de la
Hepatitis B.[8] Incluso
la misma compañía Merck admite la existencia de quejas sistémicas de
fiebre, dolor en las articulaciones, fatiga y debilidad en hasta el 17
% de todas las inyecciones de hepatitis B. Y quizás lo más contundente
de todo esto, más del 50 % de los médicos encuestados en el Reino Unido
rechazaron ponerse la vacuna hepatitis B ellos mismos, citando los
conocidos peligros de la vacuna, y eso siendo ellos profesionales
médicos que trabajan en hospitales y que pertenecen por tanto a un
grupo de alto riesgo expuesto a sangre y a agujas a diario en su
trabajo.

Pero lo más inquietante es la pregunta fundamental de por qué esta vacuna fue recomendada para bebés en primer lugar. En 1996, había 1.080 informes de reacciones adversas entre bebés de 0 a 1 año por la vacuna,
incluyendo 47 muertes. Si sólo el 10 % de las verdaderas muertes y
daños están siendo denunciados -una estimación muy optimista- esto
significa que realmente hubo 10.800 reacciones adversas y 470 muertes
por la vacuna. Sin embargo, en ese mismo año, sólo hubo 54 casos
infectados con la enfermedad en el grupo de 0 a 1 año. Esta aterradora ecuación revela que por cada niño que adquiere la hepatitis B, la vacuna mata a 9 bebés y daña a 200.

¿Por qué someter a decenas de millones de bebés a los conocidos peligros de esta vacuna cuando los pocos bebés que realmente están en riesgo de padecer la enfermedad pueden ser identificados
simplemente haciendo un screening a la madre?
[9] Y finalmente, incluso si los padres optan por incluir esta vacuna en el plan de vacunación de su hijo, ¿por qué se administra ésta en el día del nacimiento? Los
padres necesitan tiempo para conocer a su hijo primero, para que así
puedan comparar el estado de salud del bebé antes y después de la
vacunación, de forma que cualquier daño pueda ser notado, seguido y
tratado.
Además de los problemas con las vacunas de ingeniería

genética, muchas vacunas, en especial la MMR, la de la varicela y las
de la polio de Sabin, inyectan virus vivos dentro del cuerpo. Varios
estabilizadores y conservantes se añaden incluyendo formaldehído, plomoaluminioMSG
(monoglutamato sódico). Cantidades desconocidas de ARN (ácido
ribonucleico) y ADN de cultivo de tejido animal y humano han sido
encontradas también. Y aunque grupos de padres preocupados han luchado
por la eliminación del conservante hecho con mercurio, el thimerosal,
de las vacunas, la industria farmacéutica todavía usa mercurio en las
vacunas de la gripe, una nueva adición al plan de vacunación
recomendado para niños que empieza a los 6 meses. Adicionalmente, la
industria médica continúa usando montones de vacunas conteniendo thimerosal hasta que las existencias se agoten, en vez de sacarlas del mercado inmediatamente, como deberían.

El mercurio en las vacunas y el autismo

La conexión mercurio-autismo ha salido a la luz pública con la publicación de “Inmunidad Mortal” (Deadly Immunity), de Robert F. Kennedy, Jr. en el número de julio de la revista Rolling Stone, simultáneamente con la publicación en la revista Salon. Kennedy
describe una reunión en el Centro para el Control y Prevención de
Enfermedades de EE.UU. (CDC) que tuvo lugar en junio del 2000 en la
cual el epidemiólogo Tom Verstraeten presentó evidencia ante la
industria y los oficiales del gobierno que el thimerosal, el conservante basado en mercurio presente en las vacunas, era responsable de la epidemia de autismo en los niños americanos. En
lugar de tomar medidas inmediatas para alertar al público y deshacerse
del suministro de thimerosal de las vacunas, los presentes pasaron el
resto del encuentro discutiendo las formas de esconder los preocupantes
datos.

Posteriormente, poderosos amigos en el Congreso han tratado de proteger a los fabricantes de vacunas con legislación que les escudará de más de 4.000 demandas pendientes. El Senador Bill Frist, que ha
recibido 837.000 dólares en contribuciones de la industria
farmacéutica, deslizó silenciosamente una cláusula adicional en el
proyecto de ley de seguridad interior, llamada “Eli Lilly Protection
Act”. Esta medida fue revocada por el Congreso en 2003 pero a
principios de este año, Frist coló otra disposición en un proyecto de
ley anti-terrorista que negaría las compensaciones económicas a los
niños que sufren de trastornos cerebrales relacionados con las vacunas.
Las demandas son de tal magnitud que podrían echar a la calle
a los fabricantes de las vacunas y limitar nuestra capacidad de
enfrentarnos a un ataque biológico de los terroristas
, declaró Andy Olsen, un asistente legislativo de Frist.

Más de 500.000 niños sufren de autismo, con 40.000 nuevos casos diagnosticados cada año. La enfermedad era desconocida hasta 1943, cuando fue identificada y diagnosticada entre once niños nacidos después de que el thimerosal
fuera añadido por primera vez a las vacunas de los bebés en 1931.

El CDC responde a la ira de los padres y a la publicidad negativa citando estudios que reivindican el thimerosal, estudios que los oponentes afirman están falsificados y son altamente sospechosos. “No podrías construir un solo estudio que muestre que el thimerosal es inocuo“,
dice el Dr. Boyd Haley, una de las autoridades mundiales en toxicidad
del mercurio y jefe del departamento de química de la Universidad de
Kentucky. “Es simplemente demasiado tóxico. Si inyectas
thimerosal en un animal, su cerebro enfermará. Si lo aplicas a tejido
vivo, las células mueren. Si lo pones en una placa de petri, el cultivo
muere. Sabiendo estas cosas, sería increíble que uno lo pudiera
inyectar en un bebé sin causar daños”
.

Documentos internos revelan que Eli Lilly, que fue la primera compañía farmacéutica que desarrolló el thimerosal, sabía desde el principio que su producto podía causar daños. Pero los atractivos beneficios valían más que la preocupación de la compañía por los ciudadanos. El thimerosal le permite a la industria farmacéutica envasar las vacunas en viales que contienen múltiples dosis. Los viales más grandes
cuestan la mitad de producir que los más pequeños, de una sola dosis, y
por tanto hacen que los programas de vacunación en masa sean más
rentables.

La introducción del thimerosal en las vacunas coincidió con un aumento del número de vacunas que recibían los niños. Los bebés que reciben todas sus vacunas, más los refuerzos, para la edad de 6 meses están expuestos a niveles de etilmercurio, inyectados
directamente en la corriente sanguínea, 187 veces mayores que el límite
de la EPA
(Agencia para la Protección del Medio Ambiente de

EE.UU) de exposición diaria al metilmercurio, una neurotoxina similar a
la anterior.
Kennedy describe un escándalo creciente que tiene el potencial de acabar con la industria farmacéutica. Para leer este artículo, ir a: www.rollingstone.com/politics/story/_/id/7395411.

Familias «compensadas» por la pérdida de su hijo

Debido al aumento dramático del número de daños causados por las vacunas infantiles durante las pasadas décadas, el Congreso promulgó el National Childhood Vaccine Injury Act en 1986, poniendo en marcha un
fondo para compensar a los padres por el daño o la muerte causada a sus
hijos (como si unos padres pudieran ser alguna vez «compensados» por la
pérdida de su hijo debido a la vacunación…). Los padres tienen que
hacer una solicitud a este fondo como primer paso cuando su hijo haya
sido dañado; así, el fondo sirve para proteger a la compañía
farmacéutica de toda responsabilidad inicial. Hasta la fecha, el fondo
ha pagado más de 1,2 billones de dólares a padres con más de 12.000
informes hechos cada año. Esto es un número asombroso considerando
cuántas reacciones ocurren que las autoridades médicas no quieren
atribuir a la vacuna. Y si David Kessler está en lo correcto y el 90-99
% de todos los daños nunca son reportados, el verdadero número de niños
dañados o matados por las vacunas sería de 1,2 millones o más por año.

Las excelentes organizaciones [10] que trabajan informando a los doctores y a los padres de los riesgos de las vacunas describen las angustiosas llamadas de teléfono que ellos
reciben, que relatan la devastación, culpa, confusión y sufrimiento que
siguen [11]. Los
padres describen a bebés que unas horas o unos días después de su
vacunación, tienen fiebre, se vuelven inquietos o apáticos, caen en
sueños profundos intercalados por gritos desgarradores, arquean sus
espaldas de forma extraña mientras lloran, caen en comas o ataques
repetitivos, se sacuden o están con la mirada perdida en blanco. O los
padres describen un empeoramiento general en la salud con constantes
infecciones de oído, repentinas sensibilidades a alimentos o alergias,
problemas de sueño, asma, erupciones cutáneas, y ausencia de avances en
el desarrollo reemplazados por torpeza de movimientos.

Muchos padres y médicos creen que el espectacular aumento de enfermedades crónicas infantiles es una reacción a las docenas de vacunas que son ahora parte del plan de vacunación estándar.
Hace cincuenta años, el autismo afectaba a menos de 1 de cada 10.000
familias, pero ahora 1 de cada 68 familias tienen un niño autista. La
tasa de niños escolares con autismo ha aumentado un 1.700 %
nacionalmente de 1992 a 2002, creando un gran agotamiento de recursos
en las familias, las escuelas y los servicios sociales que nunca podrá
ser remediado si la verdadera causa es la vacunación como muchos
sospechan, y la solución nunca es vislumbrada. El asma, la diabetes, el
déficit de atención infantil y la obesidad también han aumentado de
forma alarmante entre los niños. Habiendo demostrado el desastre de la
polio SV40 lo que puede pasar, «podríamos estar intercambiando paperas y sarampión durante la infancia, por cáncer y leucemia en adultos», dice Barbara Loe Fisher.

¿Funcionan realmente las vacunas?

Incluso si los padres experimentan por sí mismos los riesgos de las vacunas, sus médicos les aseguran que el riesgo vale la pena por el casi seguro beneficio de estar libre de una enfermedad infecciosa que
el niño puede coger. Sin embargo, en múltiples casos, las vacunas
simplemente no han funcionado contra la enfermedad que son destinadas a
prevenir. Una encuesta de 1978 en 30 estados mostró que más de la mitad
de todos los niños que contrajeron sarampión habían sido completamente
vacunados. Suecia abandonó su vacunación de la tos ferina después de
examinar 5.140 casos de esta enfermedad en 1978 y encontrar que el 84 %
habían sido vacunados tres veces. Un artículo de 1990 de la revista de
la American Medicine Association afirmaba que «Aunque más del 95 % de
los niños en edad escolar en los Estados Unidos son vacunados de
sarampión, grandes estallidos de la enfermedad continúan ocurriendo en
las escuelas y en la mayoría de los casos. . . ocurren entre niños
previamente vacunados». La literatura médica está repleta de
ejemplos del fracaso de la vacunación en su tarea de proteger contra
enfermedades comunes infantiles
.

Pero en vez de aceptar la premisa de que el sistema completo de vacunación es fundamentalmente un engaño, la industria médica llama a cada vez más vacunaciones y revacunaciones, sin ningún estudio sólido
y a largo plazo para ver si la inmunidad es realmente alcanzada y, si
es así, por cuánto tiempo.

La vacunación no fue lo que puso fin a las epidemias

A todos se nos ha enseñado que la vacunación terminó con las mayores y más mortales epidemias mundiales. Sin embargo, una honesta y cuidadosa revisión de las fuentes históricas médicas originales, de las
publicaciones y de las estadísticas de los pasados doscientos años, nos
muestra que las enfermedades infecciosas descendieron un 90 % antes de
que la vacunación en masa fuera introducida.

Los expertos atribuyen el cese de las epidemias no a la vacunación masiva, sino a un gran movimiento de reforma sanitaria que barrió Europa a partir del año 1800. Estas reformas incluyeron la
retirada de la basura y los deshechos humanos de las calles a través de
sistemas de fontanería; la limpieza regular de los establos y las
calles de excrementos de caballo y desperdicios humanos; la mejora de
las carreteras de forma que las carnes, los vegetales y la leche cruda
pudieran ser distribuidos a las ciudades cuando se encontraban frescos;
y la modernización de los sistemas de distribución de agua para
prevenir la contaminación bacteriana
[12].

Todas las antiguas epidemias del terror, la peste negra y el cólera, respondieron a estas reformas, y las epidemias descendieron durante los años 1800, mucho antes de la llegada de la vacunación. Incluso el CDC
informó en 1999 que las enfermedades infecciosas descendieron en el
siglo pasado debido a mejoras en la sanidad, el agua y la higiene. La
vacunación contra la tos ferina, la difteria, el sarampión y la polio
tuvieron lugar todas justo al final del ciclo de vida de cada epidemia,
exponiendo así la falacia de la afirmación de que la vacunación acabó
con las epidemias
.[13]

La única excepción a este descenso es la varicela, que, contrariamente a todo lo que se nos ha enseñado, aumentó con la venida de una vacunación obligatoria y descendió sólo después de un
levantamiento organizado de padres y médicos forzando a los gobiernos
europeos a suprimir sus programas obligatorios de vacunación contra
esta enfermedad
.[14]

Aunque la Organización Mundial de la Salud se atribuye el mérito de la
erradicación de la varicela mundialmente gracias a la vacunación, el
hecho es que la varicela descendió en todos los países estuviera o no
la población vacunada. Como dijo el doctor Glen Dittman en 1986, «Es patético y ridículo decir que hemos vencido a la varicela con las vacunas, cuando sólo el 10 % de la población fue vacunada ».

Gráfico: La polio, la varicela y la difteria estaban en declive antes de la introducción de las vacunas. La vacunación obligatoria en Inglaterra y Gales resultó en un enorme aumento de la
enfermedad. La fiebre tifoidea se extinguió sin ningún programa de
vacunación.

Los grandes negocios presionan para más vacunaciones

Los niños de los Estados Unidos representan la población más vacunada en todo el mundo. Las multinacionales farmacéuticas proporcionan millones de dólares para la creación de organizaciones
tapadera como “All Kids Count” (”Todos los niños cuentan“) y “Immunization Action Coalition” (”Coalición de Acción para la Inmunización“),
grupos con nombres neutrales y amigables que disfrazan los fondos
farmacéuticos detrás de su mandato de promover la vacunación.

Las vacunas producen billones de dólares al año para las compañías farmacéuticas, en parte porque el gobierno financia campañas de vacunación masiva comprando las vacunas con el dinero de nuestros
impuestos y a parte dando más millones de dólares a los departamentos
de salud con el objetivo de alcanzar la vacunación al 100%
. Si

no obtienen resultado, el dinero puede ser retirado del Estado. El
resultado de toda esta cantidad de dinero disponible para autoridades
de salud estatales es una enorme presión que se aplica a los colegios,
que a su vez presionan a los padres requiriendo pruebas de vacunación
para la entrada a colegios en cualquier nivel de desarrollo del niño.

Resistencia

A pesar de todo esto, la resistencia a los programas de vacunación está creciendo y millones de padres están cuestionando tanto la ciencia que subyace a ésta como los preocupantes efectos secundarios
que produce.

Un estudio de 2003 concluyó que el 93% de los pediatras y el 60% de los médicos de familia informaron de al menos una familia que había rechazado una vacuna para su hijo. Cuando un padre o una madre eligen
limitar o salirse del programa de vacunación, una gran variedad de
respuestas oficiales se han dado que van desde no presentarse
dificultades, hasta el extremo opuesto, amenazas oficiales de cargos de
abandono médico del niño. En EEUU, es un hecho desafortunado que los
hijos cuyos padres han rehusado vacunarles han sido echados de la
oficina del médico e incluso se les ha denegado la entrada a un
colegio. En casos extremos, oficiales han acusado a los padres de
abandono médico del niño y los han obligado a ir a juicio para
conservar el derecho de criar a su hijo (”¿Dónde está la libertad en ese país libre que llaman EE.UU.?“).[15]

Pero también es verdad que muchos padres no reciben resistencia de las autoridades y su derecho de rechazo de las vacunaciones no es desafiado, siempre y cuando sigan las leyes del respectivo estado para
la exención.

Cómo rechazar la vacunación

Como este corto artículo no puede examinar cada vacuna, si tiene algunas preguntas sobre una vacuna específica, por favor lea las referencias y la lista de lecturas recomendadas al final de este
artículo. Aunque el sistema de salud recomiende o presione hacia la
vacunación, las vacunas no so “requeridas legalmente”. Nadie tiene la autoridad legal de vacunar a su hijo en contra de sus deseos.
Si el nacimiento tiene lugar en un hospital, puede establecer los
impresos de tratamiento médico o su plan de nacimiento, y claramente
hacer constar que no quiere ninguna vacuna para su hijo mientras esté
en el hospital. Debería también comunicar su petición al personal de
todos los turnos, si usted misma no puede, su esposo o abogado pueden
encargarse de comunicar sus deseos de forma clara y directa.

Una vez su hijo ha nacido, la presión para vacunarle viene generalmente sólo del sistema de salud. Médicamente, usted es totalmente libre de tomar cualquier decisión en cualquier momento que usted sienta que es mejor en cuanto al plan de vacunación
de su hijo
. Sin embargo, si usted elige no vacunarle,
muchos médicos pueden mentirle diciendo que las vacunas son
obligatorias o asustarle con estadísticas exageradas sobre los peligros
de la no vacunación, e incluso decirle que puede que no acepten a tu
hijo en la guardería o el colegio
. Pero todo esto que pueden decirle no es la verdad,

son sólo los únicos argumentos falsos que les quedan para perpetuar la
vacunación y convencerle, ya que actualmente en nuestra sociedad la
vacunación no tiene realmente ninguna ventaja pero sí muchos
inconvenientes, ya que es la causa de enfermedades crónicas graves
infantiles como el autismo, la hiperactividad y trastornos del sistema
inmunitario (asma, alergias), entre otras. Desafortunadamente la nata y
la fresa de la práctica pediátrica son las numerosas visitas de “niño
sano” que incluyen la vacunación durante el desarrollo de tu hijo.[16]

Los colegios y guarderías privados tienen sus propias normas y pueden o no rechazar a niños que no han sido vacunados. Los colegios públicos, sin embargo, no suelen rechazar a niños no vacunados o
parcialmente vacunados pero en caso de que sí se encuentre con este
rechazo, la solución es preparar una exención legal, que es simplemente un documento de objeción de conciencia. Hay tres tipos de exenciones: filosóficas, médicas y religiosas.

Una vez ha comprobado las leyes de su estado respectivo, puede elegir el tipo de exención que se adapta mejor a su situación. Es muy importante presentar los documentos adecuados al colegio para que tu
negativa a la vacunación no sea interpretada como abandono parental.
Una exención filosófica generalmente requiere una breve carta
simplemente informando de que usted objeta a la vacunación. La exención
religiosa también requiere una carta, pero algunos estados estipulan
que usted debe ser un miembro practicante de una religión que
específicamente se opone a la vacunación. La exención médica es a
menudo la más difícil de obtener porque los médicos están sujetos a
revisión y censura por las autoridades médicas estatales cuando
conceden exenciones. En algunos casos las exenciones médicas pueden ser
obtenidas de la enfermera del colegio, y son muchas veces más fáciles
de obtener que las de un médico.

 

Continuar leyendo en

http://blogs.clarin.com/argentinasos/2010/09/01/vacunas-los-padres-...

 

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Respuestas a esta discusión

muchas gracias por esta información,
QUE BUENO QUE CIRCULE ESTO Y CON TANTOS FUNDAMENTOS !!!
GRACIAS POR COMPARTIRLO!!

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