Raquel

Qué es el Bullying y cómo prevenir el acoso escolar- Bullying Parte 1 y 3

 

Hola a todos,

 

En la anterior discusión sobre Bullying leímos la parte II:  Factores y consecuencias del acoso escolar.  Encontré las otras dos partes sobre el tema (la parte I y la III) y se las comparto ya que me parecen acertadas y de suma importancia.  Es un tema al que todos estamos expuestos y, de una u otra forma, podemos contribuir en su prevención contando con las herramientas efectivas.  Espero les sea de utilidad para comprender este fenómeno socio-familiar y podamos tomar acciones que promuevan el bienestar empezando en casa.

 

Un abrazo,

Raquel

 

 

 

 

El Bullying I - ¿Qué es el Bullying? 

 

Introducción

 

Hoy vamos a hablar de un tema que, conforme pasa el tiempo, está cobrando más y más interés, no solamente en nuestro país sino a nivel mundial. Vamos a hablar de la victimización en el ambiente escolar, o bien, el maltrato entre alumnos en las escuelas.

 

A este fenómeno se le conoce como bullying.

 

Este problema de violencia y maltrato que está ocurriendo en las escuelas es muy importante de analizar, porque puede y está afectando a muchos de nuestros hijos y de nuestros jóvenes en edad escolar. Y para empezar, quisiera platicar los testimonios de dos niños que reflejan esta situación.

 

Hace muchos años tuve la oportunidad de conocer a un niño que estaba en sexto de primaria. Era un niño sin problemas de tipo familiar, se desempeñaba de manera excelente, tenía buenas calificaciones y tenía una estabilidad en su vida. Un día, empezó a tener problemas con un niño de su grupo que era más grande. Ese niño había repetido varios años, ya tenía catorce o quince años y todavía estaba en sexto grado de primaria.

 

Un día, sin ningún motivo aparente, el muchacho más grande empezó a tener problemas con el niño: comenzó a hostigarlo, a burlarse de él y a perseguirlo. De ahí surgieron muchos problemas entre este muchacho y el niño, hasta que se vio afectado su rendimiento escolar, su situación emocional y anímica.

 

El niño permanecía callado e inevitablemente su semblante de felicidad se esfumó. Los padres lo notaron y un día el papá le dijo: “¿qué te pasa, hijo, por qué estás así? Te veo triste, como muy emproblemado” El niño rompió a llorar y le explicó el problema que tenía en la escuela, el abuso que estaba sufriendo por parte del muchacho que era mayor que él.

 

Entonces el padre le dijo: “no te preocupes, hijo”. Y al día siguiente se presentó en la escuela, habló con la maestra y con la directora; fue un momento difícil porque el niño tuvo que enfrentar a su agresor y señalarlo. A partir de ese día el problema se solucionó. El otro niño no fue expulsado de la escuela, pero se habló con él y se resolvió el asunto de manera que los dos pudieron terminar el curso escolar en un ambiente de paz.

 

El otro caso es el de un niño que nunca habló, él estaba en primero de secundaria y había experimentado un cambio muy fuerte al ingresar, que ya de por sí es un cambio bastante difícil, además, la demanda en cuanto al currículo escolar es mayor y a esto se le suman las nuevas amistades.

 

Este niño perdió todo vínculo con sus anteriores compañeros y empezó una nueva etapa con diferentes amistades. Fue entonces cuando empezó a recibir maltratos e insultos sin causa dentro de la escuela; él no iniciaba los problemas pero tal parecía que una persona no se agradaba de su presencia e iniciaba un hostigamiento contra él.

 

El niño soportaba todo calladamente, nunca habló con nadie y fue maltratado durante todo el año escolar. Al final, los resultados se dejaron ver: ese primer grado de secundaria lo terminó muy por debajo de su capacidad y a penas lo aprobó, reflejando así el ambiente angustiante y estresante que estuvo viviendo durante todo ese año escolar.

 

 

Antecedentes del maltrato en las escuelas

 

Vivimos en un mundo de mucha violencia, ésta se está presentando en todos los niveles sociales, en todos los ámbitos y realmente está afectando la convivencia. El mundo occidental está abriendo los ojos para darse cuenta que la violencia daña el funcionamiento social. Realmente daña a la víctima, pero también se ve muy afectado el agresor y afecta, además, a toda la sociedad.

 

Las escuelas no escapan a esta violencia, de hecho, ha habido ya muchos estudios al respecto. Los primeros países que empezaron a hacer estudios al respecto fueron Noruega y los países escandinavos. Recientemente ese tipo de estudio se ha extendido de una manera bastante vertiginosa a Estados Unidos, Canadá, Arabia Saudita, etc.

 

A partir de un estudio que hizo el noruego Dan Olsen, se han arrojado datos muy interesantes que revelan que el tipo de violencia manifestada en las escuelas no es la violencia común, sino que tiene ciertas características que la hacen diferente.

 

¿Qué significa bullying? El noruego Dan Olsen, uno de los primeros en estudiar este fenómeno, lo define de la siguiente manera:

 

“Es una conducta de persecución física y/o psicológica que realiza un alumno contra otro, al que escoge como víctima de repetidos ataques. Esta acción negativa e intencionada sitúa a la víctima en una posición de la que difícilmente puede salir por sus propios medios. La continuidad de estas relaciones provoca en las víctimas efectos claramente negativos, como descenso de la autoestima, estados de ansiedad e incluso cuadros depresivos, lo que dificulta su integración en el medio escolar y el desarrollo normal de su aprendizaje.”

 

Olsen lo define como un tipo de persecución, ya sea física o psicológica, que un alumno de una escuela empieza a llevar a cabo contra otro. Aparentemente, no hay causas que motiven o propicien ese tipo de persecución; simplemente existe un abuso de poder, es decir, el pez más grande se come al más chico.

 

La persecución se da porque tal vez la otra persona se siente más grande o más fuerte; porque ya tiene un clan de amigos que lo hacen fuerte y le permiten tener actitudes        de abuso contra los que son más débiles, están solos, no tienen muchos amigos, no son grandes o no tienen una agilidad física que les permita competir con ellos.

 

Un punto importante que sale a relucir en estos casos es que la víctima difícilmente podrá salir del problema por sus propios medios. Es decir, cuando un niño sufre esta situación tal vez en un principio luche por defenderse, pero una vez que cede es muy difícil que pueda salir por sus propios medios. Usted debe tener mucho cuidado con esto, porque nos da una señal de que hay que ayudarlo.

 

Características del bullying

 

Estamos hablando básicamente de un maltrato; de un niño adolescente que está en edad escolar a manos de otro niño adolescente que tiene más poder, más fuerza o más autoridad y que está afectando gravemente a la víctima. Este tipo de maltrato tiene ciertas características que lo hacen diferente a los demás:

 

•Existe un abuso de poder: se supondría que en quinto o sexto de primaria uno se encuentra en un estado de igualdad, es decir, en un grupo homogéneo donde todos son iguales. Esto podría favorecer las relaciones interpersonales y la socialización; sin embargo, hay diferencias de fuerza, capacidad, rapidez e incluso madurez. La persona que no tiene el poder –la víctima- se ve acorralada y sin oportunidad de resolver la situación.

 

•No hay provocación previa por parte de la víctima. Es muy común que los niños o adolescentes se pongan en desacuerdo, aún entre amigos, por algo que los molestó o por algunas palabras que se dijeron, y esto puede llegar hasta los golpes. Pero en este caso, no hay un detonante, la víctima no provoca nada, sino que el otro llega simplemente a molestarlo; esto se convierte en un hábito y le empieza a gustar. La victimización incluye el hecho de que “a ti te pasa lo que te pasa porque es tu culpa”.

 

•Se trata de incidentes repetidos a lo largo de un período de tiempo; no es algo espontáneo o pasajero, sino repetitivo. Son incidentes que se dan de continuo, incluso todos los días incluso. Para la víctima, ésta se convierte en una situación sumamente angustiante. Comienza a tener mucho miedo de ir a la escuela, pero no por las clases, sino por ese alguien que lo está persiguiendo, que lo hace sentir muy mal y que le hace la vida imposible. Entonces, la escuela se convierte en algo terrible.

 

•Existe una intencionalidad por parte del agresor o agresores. El agresor molesta al niño con toda la intención desde el momento que lo ve y va hacia él, lo hace con el propósito de molestarlo, de decirle apodos, palabras altisonantes, insultos, etc.,

 

Algunas estadísticas interesantes

 

Hay diversas estadísticas acerca de este fenómeno, pero la verdad es que son muy fluctuantes; difieren mucho de país en país, en cuanto a las técnicas para recabar datos y analizarlos.

 

Se ha encontrado que este tipo de maltrato es un fenómeno general que se está produciendo en todos los países que han hecho estudios; se han encontrado con que esto es una realidad en sus escuelas.

 

En cuanto al género, los chicos tienen mucha más participación que las mujeres, tanto como agresores que como víctimas; es decir, los niños son los que más participan en este tipo de conflictos. La forma de agresión más usual para los jóvenes y los niños son los golpes, empujones, puñetazos, insultos, etc. En cuanto a las niñas, éstas utilizan otro tipo de agresiones como difamar, chismes, etc.

 

Con respecto a la edad, el momento de mayor incidencia en esta problemática es entre los once y catorce años de edad. Conforme van creciendo, este tipo de violencia empieza a disminuir paulatinamente, es decir, va a empezar a desaparecer conforme pasan los años.

 

El tipo de abuso más frecuente es el maltrato verbal, o sea, insultos, apodos, decir cosas hirientes que afectan la dignidad de una persona o que se refieren a una característica de su personalidad o de su físico. El segundo tipo de agresión más utilizado es el físico, aquí es cuando ya hay peleas, golpes, pellizcos, empujones, etc.

 

En tercer lugar, hay un maltrato social, es decir, se excluye a la persona, no se le habla, o se le aplica la “ley del hielo”, no se le dirige la palabra, no se le toma en cuenta, se actúa como si no estuviera, se le rechaza o no se le deja participar en actividades.

 

Los lugares en donde se dan estas agresiones varían según el nivel. Por lo general, cuando son de primaria, se da en el patio de la escuela; cuando se llega a la secundaria, no solamente se da en el patio, sino también en los pasillos y las aulas.

 

Esta es una forma distinta de violencia; si bien, la violencia ha existido desde el inicio de la humanidad, ésta es diferente a las demás. Es una forma distinta porque no se trata de una conducta espontánea o motivada por una situación que le desagrada a la persona que agrede; sino que no hay ningún detonante, no se encuentran causas, la víctima no hace nada, simplemente llega el agresor y empieza a acosarla, insultarla y maltratarla.

 

Este tipo de violencia no es fácil de observar, porque se mantiene por debajo de las relaciones de los jóvenes. Es decir, usted puede ver a los jóvenes que están jugando, participando y no nota la violencia; sin embargo, entre los alumnos eso es conocido, ellos sí lo ven y sí lo perciben.

 

El adulto no percibe esto, e incluso hay adultos que lo ven con cierta tolerancia porque piensan que es parte de su formación y dicen “así déjalo, es normal que el muchacho crezca así, que le den golpes para que sepa lo que es ser hombre, para que se haga duro”. Es un tipo de violencia que casi siempre está oculta a los ojos de los adultos o es tolerada por el pensamiento de que así se va a formar el carácter del muchacho.

 

El bullying es, pues, un tipo de violencia que vulnera los derechos humanos y la dignidad del estudiante. Los estudiantes tienen derechos fundamentales: no deben ser sometidos a una humillación, se les debe proporcionar un ambiente seguro para estudiar y desarrollarse académica y emocionalmente, tanto en la escuela como en la casa o en la sociedad.

 

Una responsabilidad compartida

 

Conozco el caso de un niño que estaba en secundaria, quien un día le dijo a su mamá: “mamá, me va a llegar un reporte de indisciplina”, al preguntarle el porqué, respondió: “porque me porté mal, lo que pasa es que siempre me están diciendo cosas, me ponen apodos, me insultan y me tiran la comida al piso; entonces yo me porto mal y la maestra me saca del salón.”

 

Cuando la maestra lo sacaba del salón y lo llevaba a la dirección, él se ponía a estudiar, pues encontraba ahí un ambiente más apacible y alejado de sus agresores.

La mamá escuchó eso y no lo consideró correcto, pero el niño lo hacía para huir de sus agresores, ya que ellos le estaban afectando mucho y siguió haciéndolo porque creía que le estaba beneficiando. Pero se estaba ganando una serie de reportes, que después provocaron otro problema y la mamá fue a hablar con la maestra.

 

Hay otros testimonios muy tristes de padres que, al ver la situación de sus hijos, fueron a hablar con los maestros y le dijeron que tal persona agredía a sus hijos. A la hora de querer arreglar la situación, se dieron cuento que el muchacho agresor tenía otros tres hermanos y, como era escuela de paga, les respondieron: “señores, discúlpenme, pero ellos nos pagan por cuatro mensualidades, ustedes nos pagan por una; no podemos hacer nada”.

 

Nosotros, los padres debemos tener mucho cuidado, pues ésta es una situación que está generando muchos problemas en las escuelas. Las escuelas también deben tener cuidado e implementar medidas para controlar este problema, que hace que se pierda la armonía escolar.

 

No se van a dar buenas relaciones entre los compañeros, se van a crear ambientes muy tensos que pueden hacer que las cosas se pongan peor en la escuela, se va a notar un bajo rendimiento escolar en las víctimas; todo esto repercutirá en la reputación e imagen de la institución académica.

 

Maltrato físico, verbal y social

 

Voy a mencionar los tipos de maltrato escolar, para que usted se familiarice con esta nueva forma de violencia y pueda estar atento para percibir si su hijo está padeciendo algún tipo de violencia. Si usted es maestro o tiene a su cargo la responsabilidad de cuidar a los niños en una escuela, pueda irse familiarizando con los términos para después poder ayudar a los niños.

 

Existe el maltrato físico, que a su vez se divide en dos categorías: directa e indirecta. El maltrato físico indirecto es aquel que consiste en esconder, robar o romper cosas de alguien, sin que el agresor se manifieste. El maltrato físico directo es aquel en el que el agresor sí se manifiesta con golpes, empujones, amenazas, etc.

 

También existe el maltrato verbal, que se divide en directo e indirecto. El indirecto es cuando el agresor no se hace manifiesto, sino que anda hablando mal de alguien a sus espaldas, difunde rumores falsos o calumnias. Es decir, destruye la reputación a espaldas de él, no da la cara y la víctima sufre este ataque sin saber de dónde vienen.

El maltrato verbal directo es cuando se insulta cara a cara con expresiones que denigran la dignidad del niño, que hacen referencia a su cuerpo y se burlan de él. También incluye el utilizar apodos, algunos sumamente hirientes, que hacen que los estudiantes se sientan muy mal.

 

Existe también la exclusión social, que puede ser clasificada en directa e indirecta. La exclusión social tiene mucho que ver con ignorar o hacer menos a las personas; en ese sentido, el muchacho se siente rechazado o hecho a un lado. La directa, es cuando no se le deja participar en una actividad a alguien, por ejemplo, cuando se le dice: “tú no juegas”. La indirecta es cuando el joven habla y nadie contesta, no se le considera y se le hace menos.

 

Asimismo, puede haber mezclas de estos tipos de maltratos, por ejemplo, una mezcla física y verbal es amenazar e intimidar a la persona, mientras se le da un empujón. También el obligar a hacer cosas y el chantaje son formas de violencia, por ejemplo, “si no haces esto, te vamos a golpear o te vamos a quitar tus cosas” o “si traes dinero, dámelo, quiero comprarme algo”.

 

También existe el acoso sexual, puede darse el caso, pero según las estadísticas es raro que se presente.

 

Estructura del bullying

 

Hay muchas cosas en los alumnos que no se notan, que ni los maestros ni los padres de familia los ven, sino hasta que ya es muy notable. Por eso, debemos entender la importancia de conocer a nuestros hijos, de saber por qué situaciones está pasando que lo pueden afectar; para que al notar su estado de ánimo podamos darnos cuenta si algo le está pasando y busquemos ayudarlo.

 

Algunos adultos toleran y avalan esta problemática, piensan que es normal ponerse apodos ofensivos, o que incluso las palabras altisonantes y soeces son normales, pero no es lo correcto. No porque la gente esté muy acostumbrada a hablar de esa manera quiere decir que está bien, la realidad es que ese lenguaje es usado con doble sentido, para herir, ofender y humillar. Debemos tener cuidado de no permitir este tipo de lenguaje.

 

Los padres y maestros desconocen las graves consecuencias que puede tener un alumno al estar viviendo en esta situación: puede afectarse emocionalmente, puede afectarse su rendimiento escolar, puede incluso afectar su socialización.

No olvidemos que los niños se desarrollan a través de las relaciones interpersonales que lo van a ayudar a formar hábitos y desarrollar habilidades para desempeñarse en la vida. Entonces, si encuentra un ambiente muy hostil en la escuela no desarrollará sus habilidades al máximo.

 

Debemos estar muy atentos ante esta situación y debemos ver de manera seria y responsable cómo contrarrestarla, con el fin de crear para nuestros alumnos e hijos, un ambiente adecuado para estudiar.

 

El bullying es un problema a nivel grupal. Imagine      usted    un círculo y dentro de ese círculo a la víctima; en el perímetro del círculo está el agresor, que es quien inicia la agresión, y   sus   seguidores, aquellas personas que no inician la agresión pero que toman parte activa.

 

También están los partidarios, éstos son los espectadores que avalan lo que está pasando, gritan desde afuera, se burlan y muestran su complacencia y aprobación. Están conformes con lo que sucede, aunque no participan, ni son seguidores, sólo ven la situación, les gusta y la aprueban.

 

Después están los espectadores que no participan, son neutrales, y adoptan la posición de: “lo que sucede no me incumbe”. Aunque no están a favor, tampoco están en contra, simplemente están viendo lo que pasa pero prefieren no meterse.

 

También puede haber personas que son los defensores, aquellos que no les gusta la agresión pero que no saben cómo ayudar. Y por último, los defensores que intentan ayudar a la víctima, en la medida de sus posibilidades.

 

Para terminar, quiero leer un texto de las Sagradas Escrituras que se encuentra en Proverbios 22:3 y dice así: “El avisado ve el mal y se esconde, mas los simples pasan y reciben el daño.”

 

El problema del bullying tiene muchos antecedentes, es algo que ya tiene bastantes años. Las investigaciones de Dan Olsen datan de un poco antes de 1980, hace casi treinta años.

 

Es un fenómeno que puede afectar a nuestros hijos, por lo tanto, es necesario investigarlo y tomar medidas preventivas para que la calidad de estudio de nuestros hijos no se vea afectada.

 

Si de por sí, llevar un programa de estudios puede generar mucho estrés, agregarle una situación de maltrato en la escuela va a complicar muchísimo las cosas. Según los estudios, los jóvenes bajan su autoestima y su rendimiento escolar debido a estas situaciones, hasta pueden presentar cuadros depresivos que vienen a complicar todo el panorama.

 

Entonces como padres tenemos que ser avisados, astutos y prudentes al revisar estos casos, para establecer mecanismos para poder ayudar a nuestros hijos, si están sufriendo algún tipo de maltrato en la escuela, a que salgan adelante. Todo por amor a nuestros hijos.

 

Ing. Gilberto Sánchez

Esperanza para la Familia, A. C.

 

 

El Bullying (III Parte) Cómo prevenir y enfrentar el acoso escolar

 

 

Introducción

En los programas anteriores hemos estado hablando acerca del bullying, que es el maltrato escolar o la victimización en el ambiente escolar. Este es un tema que está cobrando mucha fuerza hoy en día en nuestra sociedad y que se ha estado estudiando a nivel mundial.

Ya hemos estudiado que es un problema que afecta seriamente la vida de nuestros hijos, la vida de nuestros estudiantes. Como en los demás programas, quiero empezar narrando un testimonio, uno más de esos terribles casos que han sucedido a causa del bullying.

Este caso ocurrió en Alemania. Con una frecuencia casi diaria, el joven Hans –el nombre lo cambiamos para cuidar su reputación y dignidad- de 17 años era conducido a la fuerza por varios de sus compañeros a un taller del colegio, donde le torturaban    y     vejaban sexualmente. Golpeado, humillado y desnudado, Hans era grabado en video y se reproducían las imágenes de su agonía en internet. Este martirio ocurrió durante los pasados meses de diciembre y enero.

 

En febrero, el adolescente contó su desgracia a una asistente social y así comenzó un juicio contra los 11 jóvenes implicados en el caso. “Yo mismo no lo habría podido soportar, posiblemente me habría suicidado”, declaró uno de los acusados durante el transcurso del juicio. Además, Hans fue obligado a ingerir tiza, a comerse los filtros de los cigarrillos y a mostrar sus partes íntimas; fue golpeado con barras, palos, y hasta con un destornillador en la cara, brazos y abdomen.

 

En reiteradas ocasiones, le obligaron a llevar un cubo de plástico en la cabeza durante las palizas y a beber productos de limpieza. Los acusados, más de una decena de jóvenes entre 16 y 18 años, enfrentan hoy una pena de 6 años de cárcel. Cuatro de ellos, los que lideraron con más saña estas terribles acciones, se encuentran confinados desde febrero.

 

“Ninguno de mis profesores estaba al corriente de lo que ocurría”, dijo el director del instituto. Sin embargo, la víctima ha declarado que un docente, al igual que el resto de sus compañeros, sabía que estaba siendo regularmente victimizado.

 

“Me sentaba detrás de la mesa en un salón de clase y no hacía nada”, dijo el damnificado, quien llegó a hundirse en una terrible depresión. El profesor que conocía la situación está siendo investigado pero se sabe que no comparecerá en el juicio. Respecto al vapuleado Hans, éste evitará testificar en la sala donde la contemplación de sus 11 compañeros de pupitre, le traería de nuevo a la realidad su pesadilla invernal.

 

Este testimonio nos declara varias cosas que en otros casos no sucedieron: al muchacho se le ocurrió hablar. En medio de su desagracia, de su confusión y de su dolor, le contó todo a una asistente social. Gracias a Dios esta asistente actuó, entendió el peso y la gravedad del asunto. Ella actuó de tal manera que Hans pudo ser liberado de lo que estaba viviendo e incluso vemos que se inició un juicio.

 

Afortunadamente, Hans va a empezar una serie de tratamientos de rehabilitación. Él fue seriamente dañado pero quedó con vida, a diferencia del caso que estudiamos la semana pasada en el que Juan se aventó al vació cuando ya no soportó el maltrato que estaba recibiendo por parte de sus compañeros de escuela. En este caso, Hans logró preservar la vida, pero ¿cuántas veces los jóvenes sufren en silencio esta victimización?

 

¿Cómo actuar si nuestro hijo es la víctima?

 

¿Qué podemos hacer cuando nuestro hijo está involucrado en una situación de maltrato en la escuela? Primeramente, si nuestro hijo es la víctima, nosotros como padres de familia, tenemos que actuar. En el caso de Hans vemos como el muchacho pudo salir adelante al pedir ayuda.

 

Como ya hemos visto, esta situación pasa desapercibida tanto para los padres como para los maestros de la institución, es decir, este es un tipo de violencia que no sale a flote pero que el alumnado sí la conoce perfectamente. Ellos saben que hay un problema, saben que hay un abuso de parte de un estudiante sobre otro, pero que los adultos, maestros y padres, por lo general, casi nunca se enteran.

 

Es muy importante que si usted recibe información o hay una sospecha de que su hijo pueda estar recibiendo algún tipo de maltrato, lo primero que hay que hacer es confirmar la información. Hay que ir al fondo del asunto y hablar con el hijo.

 

Una vez que se ha comprobado el asunto, tienes que darle tu apoyo incondicional, asegurarle que tú vas a estar con él y lo vas a ayudar a resolver la situación, a ir hasta las últimas consecuencias con tal de que él sea protegido y la situación se resuelva.

Hay que darle la confianza de que todo va a salir bien, para que no tenga temor y aprenda a enfrentar las circunstancias. Es muy importante que él entienda que va a tener apoyo y que se le va a ayudar; recordemos que en este tipo de violencia, la víctima difícilmente podrá salir bajo sus propios medios.

 

Cuando estés platicando con tu hijo, pídele que te cuente todo y pregunta todos los detalles: el tiempo, la duración, qué y cómo pasó, etc. Debes conocer toda la información posible en el caso y debes asegurarte de demostrar tu apoyo.

 

No es momento de regaños, ni de decirle: “eres un dejado, un inútil, deberías ser más fuerte”. No es bueno enseñarle a tu hijo que él debe ser el más fuerte de todos, el que no se deje. Cuando un joven se encuentra en esta situación está enfrentando a alguien que es más fuerte que él, o bien, a un grupo de estudiantes que juntos son más fuertes que él.

No es tiempo de hacer más grave, triste y dolorosa la situación. Si el muchacho ve que usted se entera y no lo apoya, posiblemente le cierre todas las puertas y llegue al extremo del suicidio, como el triste caso de Juan, para ya no seguir enfrentando el sufrimiento en la escuela.

 

Hay que reforzar su autoestima, decirle que lo que está viviendo es una situación más allá de sus fuerzas pero que hay gente que le va a ayudar y hay que darle oportunidad de restablecer su relación social. Este tipo de violencia hace que los jóvenes se vayan aislando y separando del grupo de compañeros, lo que trae consigo algo de miedo, angustia, rencor y amargura que los llevan a ensimismarse y a no tener relaciones con los demás.

 

Reitérele que es importante establecer nuevas amistades y que siempre va haber personas que pueden ayudarle y con quienes puede tener una verdadera y genuina amistad. El hecho de que esté siendo victimizado no es un motivo para aislarse, el joven o la muchacha deben aprender a seguir relacionándose, a pasar por alto esas ofensas, esa amarga experiencia para poder tener una nueva vida.

Si es necesario cambiar de amistades, que se haga. Algunos padres de familia optan por cambiarlo de escuela; sí se puede hacer, pero siempre es importante valorar hasta dónde el niño haya sido afectado psicológicamente porque eso lo puede perseguir a cualquier escuela que vaya.

 

Además, hay que mantener una comunicación continua con los hijos y con los maestros de la escuela. Este problema se debe enfocar desde varias partes y se debe resolver en base a una profunda relación entre todas las partes para que se resuelva de manera pronta y eficaz. Así que, cuando las escuelas te llamen a las reuniones de padres, es importante que estés presente, que si tienes quejas las externes y si tienes algo que aportar, puedas hacerlo.

 

De preferencia, este tipo de casos deben manejarse de forma personal, pues no se trata de exhibir al muchacho, que ya de por sí está sufriendo algo terrible, ante toda la escuela. Hay que resolver el caso de manera discreta y eficiente.

Ahora bien, si usted ve que no hay apoyo para su hijo, contacte otras instituciones, hay asociaciones que tratan el maltrato en los niños, acérquese para que le brinden asesoría. También es muy importante actuar a la brevedad y proveer confianza y seguridad a su hijo.

 

¿Cómo actuar si nuestro hijo es el agresor?

 

Hemos estudiado que el agresor también tiene consecuencias, pues le brinda maneras de pensar que no son las más adecuadas para relacionarse en un ambiente social, familiar, etc.

Algunas familias cuando se dan cuenta de que su hijo es un agresor y una persona violenta, que está golpeando y abusando de otros, tienden a tener un sentido de culpabilidad y responsabilidad muy fuerte. Es necesario hacer a un lado estos sentimientos para poder ayudar a su hijo.

Vea el problema y trate de resolverlo, ponga todo lo que está de su parte para que su hijo pueda ser ayudado, porque el muchacho que resuelve los problemas a base de golpes, no es un modelo muy adecuado. El día de mañana, esa manera de ser la va a aplicar en su familia y quienes van a sufrir van a ser el cónyuge y los hijos, o lo va a querer aplicar en el trabajo, etc.

Es muy importante entonces que, más allá de ese sentimiento de culpabilidad, entienda que ese tipo de conducta es inaceptable. Un muchacho que está agrediendo a otros no puede ser tolerado, tiene que ser ayudado y tienen que ser corregido para que deje esa forma habitual de relacionarse con los demás.

Al igual que en el primer caso, hay que actuar con urgencia y firmeza, es decir, manteniendo comunicación con el muchacho y preguntándole el porqué de esa conducta, para que él pueda externarlo. Incluso, a veces pueden ser situaciones reflejo, o sea, que él fue víctima y ahora está actuando así como una manera de protegerse o desquitarse y para mantener un estatus o cierto nivel de poder sobre las personas.

 

Normalmente, los agresores suelen desmentir las acusaciones que se les hacen, pero usted deberá indagar a fondo para llegar a la verdad y poder así deslindar responsabilidades y dar una instrucción correcta a la víctima o al agresor para que no se vuelva a repetir ese tipo de situaciones.

 

Hay que ayudar a los agresores cuando los descubrimos; no se trata de victimizarlo, de  exhibirlo, menospreciarlo     o ridiculizarlo delante de los demás. El muchacho

necesita ayuda porque está en riesgo también su escuela porque ha agredido y roto normas. Es bueno hablar con él y encausarlo para darle oportunidad de que se rehabilite y pueda cambiar su actitud.

 

Las medidas que se puedan tomar posteriormente dependerán de cómo reaccione el muchacho, pero lo importante es actuar con rapidez y detener la situación. Si hay que dar alguna amonestación o alguna disciplina, pues hay que aplicarla, simple y sencillamente por el bien del ambiente escolar.

 

Es importante que usted se muestre sincero en buscar la verdad. Normalmente, muchos padres se molestan cuando se les dice que su hijo tiene una mala conducta; otros no lo reconocen. Este es un gran problema que enfrentan las escuelas cuando tratan de hablar con los padres acerca de las malas conductas de sus hijos.

Muchos padres piensan que apoyan a sus hijos cuando adoptan la posición de: “no creo, mi hijo se porta bien, yo estoy con él, yo no lo catalogo como un agresor”. Esto, lejos de arreglar las cosas, las empeora. Es cierto, de momento la información puede ser muy dura, pero como padre sensato que de veras quiere arreglar las cosas y que quiere que haya un buen ambiente escolar, investigará la verdad con imparcialidad y de forma objetiva.

 

Siendo el agresor, va a afectar a otras personas, a dañar a terceros y a sí mismo; se está insensibilizando, está perdiendo el respeto por las demás personas, no tiene compasión de los que sufren. Es decir, se está formando un carácter violento y duro y una forma de resolver los problemas a base de la violencia y del abuso de poder.

 

¿Cómo actuar si nuestro hijo es un espectador?

 

En este fenómeno hay muchos jóvenes que están presentes a la hora del abuso: ellos también están siendo afectados, ya que son moldeados en su forma de ver las cosas. Es muy importante que usted, como padre de familia, ponga atención cuando su hijo le platica y le dice: “papá, fíjate que hoy hubo un pleito en la escuela, y fulanito golpeó a perenganito”.

 

Usted debe escuchar lo que está diciendo su hijo. Él está narrando un hecho que vivió y que posiblemente le impactó mucho; él estuvo presente y vio como golpeaban al muchacho, como le decían de cosas o lo agarraban a patadas. El muchacho, como observador, tiene un impacto y es afectado por lo que pasa, usted debe indagar porque ¿qué le garantiza que su hijo no será el próximo que reciba un ataque de ese tipo?

 

Finalmente, el papel de los observadores es importante para la resolución y el cese de este tipo de maltrato. Es decir, los observadores tienen potencialmente la capacidad de detener todo tipo de maltrato, porque desde el momento que ven la situación pueden, en conjunto, proteger a la persona y detener el ataque.

Tampoco se trata de entrar en una guerra campal; simple y sencillamente, el abuso de poder reside en el hecho de que nadie le pone un freno al agresor. Pero si resulta que llega un grupo más grande tratando de impedirlo, se pueden lograr muchas cosas.

Ahora bien, puede presentarse el miedo entre los observadores, miedo a ser los próximos. “Me puedo meter en líos, mejor no quiero nada”. Esa es una conducta nada recomendable, porque cuando una persona no habla lo que hace es que promueve el maltrato. Desde ese momento, el ambiente se vuelve tan difícil que puede alcanzar a todos, y si el muchacho no entra al problema por miedo de sufrir consecuencias, ahora recibe las consecuencias de no haber actuado.

 

Es necesario que los observadores entiendan esto. Usted, como padre, tiene que hablar con su hijo acerca de los principios de justicia, de rectitud, de velar por los más necesitados, de no permitir acciones que no sean correctas. Quizás el niño no podrá actuar pero lo que pueden hacer es hablar con un superior, retirarse discretamente del pleito e ir a pedir auxilio. Eso puede evitar que se prolongue la situación de maltrato.

 

Es muy importante reforzar en los observadores la ética personal y la plena formación; enseñarles a nuestros hijos que deben defender los valores de justicia, de protección y de respeto a los demás; hacerles entender que su voz tiene valor y peso.

Lamentablemente, esta es una cultura que no se practica realmente, ni en las instituciones educativas ni en la sociedad.

 

Por otro lado, muchas veces se les dice a los observadores: “fuiste un traidor, un chismoso y un soplón”. Esos calificativos agreden a los jóvenes y los hacen sentir mal; sin embargo, el que uno denuncie algo que está mal no lo hace chismoso, ni soplón, al contrario, está cumpliendo con su deber civil de ayudar a los más necesitados y denunciar lo que no es correcto.

 

¿Qué hacer si tú eres la víctima?

 

Las personas que están sufriendo este tipo de maltrato –los jóvenes y los estudiantes- muchas veces se ven imposibilitados en muchos aspectos, incluso, a veces se sienten incapaces de pedir ayuda.

Para empezar, quiero decirte que no es ninguna vergüenza pedir ayuda, al contrario, debes pedir ayuda. Los ejemplos que hemos visto a lo largo de estos programas nos han demostrado que cuando la víctima habla, sale del problema.

 

Normalmente, el agresor maneja frases como: “esto no tiene que saberlo nadie, nadie más que tú y yo”. Este tipo de expresiones lo único que hacen es tratar de evadir la responsabilidad del agresor; pero si el agresor quiere actuar fuera de las normas tiene que haber una consecuencia.

 

Es bueno hablar para que una autoridad ponga orden, así que cuéntaselo a alguien, a quien quieras; se recomienda que sea alguien de confianza y que te pueda ayudar.

Tal vez tengas buenos amigos en la escuela que pueden tener buena disposición para escucharte y entenderte, pero muchas veces ellos mismos están incapacitados para ayudarte.

 

Puedes buscar a algún maestro, a tus padres o a alguna persona mayor que tenga autoridad dentro de la escuela para resolver este problema. Es de vital necesidad que tú cuentes la situación a alguien que te sea de tu completa confianza y que sepas que va a ser serio.

 

Si acudes con un compañero de escuela, pide que sea discreto, que trate de no contarlo a cualquiera, sino que juntos vayan con las personas que te puedan dar respaldo. Pero hay personas que cuentan todas las cosas y lejos de ayudar, empeoran la situación. Habla con personas que sean discretas y serias y que en verdad tengan un interés genuino en ayudarte.

 

Asimismo, intenta buscar protección con otros compañeros; trata de no andar solo y aislado, trata de andar con ese grupo de amigos que sabes que son buenos compañeros y que no participan en estas actitudes, que además llevan una relación cordial, amistosa y de respeto mutuo. Por lo general, cuando las personas están solas son más vulnerables y pueden ser víctimas más fácilmente.

 

Respétate a ti mismo y piensa en lo siguiente: tú tienes derecho a ser respetado; así que no dejes que te pisoteen. A veces, guardar silencio es bueno para evitar que las cosas se enciendan, pero una vez que salgas de ahí háblalo con alguien para que no se vuelva a repetir. Aprende a exigir tus derechos, aprende a exigir que se respete tu persona y tu dignidad.

 

Nadie está por encima de nadie. No importa tu raza, tu color de piel, tu capacidad intelectual, tu posición económica, ni tus creencias religiosas. No importa si tienes alguna capacidad diferente o tienes algún tic, o si tienes alguna cierta característica física diferente.

 

Quizá los agresores son más fuertes y por eso tú tienes que recurrir a alguien que esté por encima de ellos. No tengas temor, habla las cosas. No tomes decisiones falsas, como el suicidio o la depresión.

Además se recomienda que revises tus actitudes; si te das cuenta que una actitud tuya provoca a tus compañeros, debes intentar cambiarla. Si eres demasiado burlón, ten cuidado, alguien puede molestarse por esa actitud y al rato te echas enemigos encima.

 

¿Qué hacer si tú eres un observador?

 

“A veces acompaño a quienes hostigan a otros compañeros, e incluso me meto pero no participo activamente. Somos sólo un grupo de amigos que nos la pasamos bien.” Este es un comentario de un observador.

 

Los observadores que se ríen o que aplauden las gracias de los agresores sobre las víctimas, están fomentando este tipo de ambiente. Aquel observador que no denuncia lo que está viendo, refuerza las acciones intimidatorias del grupo de agresores. Es decir, un agresor, al ver que nadie le dice nada, arremete más fuerte y cada vez se atreve a hacer cosas peores y más terribles.

 

Si tú eres un observador al que no le gusta lo que está pasando, o que sientes compasión por la persona agredida, es tu deber hablar. Habla antes que esta circunstancia te endurezca, antes que te acostumbres a verlo y al rato hasta te cause risa y participes en ello. Si llega ese momento, tus conceptos y valores habrán cambiado de manera imperceptible, tu nivel moral y los principios que te fueron inculcados en casa con mucho trabajo habrán desaparecido.

 

¡Habla! Si eres una persona muy valiente puedes ayudar al muchacho, si lo crees conveniente y puedes hacerlo, o puedes juntar un grupo de amigos y ayudar a la persona para que se detenga esta agresión y después hablar la situación al maestro.

 

Es muy importante que defiendas lo que es correcto y bueno.

Tú como observador tienes la oportunidad de frenar ese tipo de conductas, si no lo haces, lo promueves. Si tú permites que eso pase, tarde o temprano el ambiente en la escuela se va a deteriorar a tal grado que te va a alcanzar a ti. Al rato todo se va a descomponer en la escuela, todo mundo va a estar intimidado y un día te tocará ser la víctima.

 

¿Qué hacer si tú eres un agresor?

 

No creas que la gente te respeta por el hecho de que los agredes. Tal vez si hay personas que te tienen miedo, pero la verdad es que no tienes un respeto verdadero de parte de ellos. Ellos más bien te evaden, se hacen a un lado y el día que puedan cobrarse lo que les hiciste, te la van a cobrar.

 

El hecho de que tú trates de imponer tu criterio, tu opinión, tu fuerza o tus ideas por medio de la violencia, no trae buenas recompensas. Finalmente, estás sembrando en el corazón de los compañeros de escuela el odio y la violencia, que el día de mañana pueden cobrarse contra ti.

 

Entonces, detén esa forma de conducta. Si estás aprendiendo esa forma de vida, vas a llevar una vida muy infeliz, porque no es la correcta. El día de mañana tú vas a querer resolver todas las cosas a base de la fuerza, le vas a gritar a tu esposa y vas a abusar de tus hijos porque te acostumbraste a vivir de manera violenta.

 

Además, te vas a volver una persona muy insensible, no vas a tener compasión de nadie, ni siquiera de los que te rodean y te quieren. ¿Por qué? Porque te acostumbraste a ser frío, cruel e implacable, ya no te conmueven las necesidades humanas, ni tienes compasión de aquellos que están indefensos y necesitados.

 

No podrás tener empatía, la capacidad de ponerte en los zapatos de otros para poder ayudarlos en sus necesidades. Al contrario, vas a hacer que esas personas sufran más, no te va a importar su necesidad y esa actitud no te traerá ningún provecho ni beneficio.

 

Finalmente, los hombres violentos se quedan solos, los amigos los rechazan porque constantemente causan dolor a los demás. Así que, cambia tu actitud, intenta controlarte e intenta cambiar tu manera de pensar pidiendo ayuda. Si ves que esa actitud te está cansando, que no te sientes feliz; si te sientes vacío, o con una conciencia atormentada por lo que hiciste, pues habla con las personas que sean necesarias. Reconoce tu responsabilidad y pide ayuda, siempre habrá alguien dispuesto a ayudarte.

 

¿Qué debe hacer la escuela?

 

Como último punto, la escuela tiene una gran responsabilidad al respecto, ya que está en una situación muy complicada, porque se debe hablar con los padres de familia cuyos hijos son violentos, o con los padres cuyos hijos son las víctimas, lo cual no es fácil.

 

En los padres de familia puede haber muchos sentimientos involucrados, puede haber mucha indignación o molestia, porque piensan que en la escuela no se está haciendo lo necesario para fomentar un ambiente más sano. Incluso, hay padres de familia que se sienten muy indignados y hacen grandes escándalos cuando la escuela se atreve a sugerir que su hijo es violento.

 

La escuela, para empezar, tiene que establecer reglamentos claros, que normen la conducta de los alumnos dentro de las instalaciones. Reglamentos que mencionen las disciplinas que deben llevarse a cabo en los alumnos al no cumplirlos, para que se fomente un ambiente de cordialidad, buen trato y respeto mutuo. Estos reglamentos deberán ser transmitidos a los alumnos y a los padres para que todos estén bien enterados en qué consiste el mismo.

 

El mundo occidental está siendo cada vez más consciente de que las acciones violentas no son convenientes y que tienen que atacar y erradicar ese tipo de comportamientos. Por lo tanto, la escuela debe tener normas, comunicarlas y cerciorarse de que, tanto alumnos como padres, las entiendan y comprendan.

 

Además, las escuelas deberán crear un sistema de vigilancia eficaz. Dentro de las investigaciones del noruego Dan Olsen, se declaró que entre más eficaz sea la vigilancia, menos es el índice de violencia. Cuando hay suficiente supervisión, los alumnos se controlan y no se propicia un ambiente violento.

 

Cuando se presenta algún problema, las escuelas deberán investigar con prontitud y rapidez, y resolver cuidadosamente cada uno de los eventos que se presenten. Deberá interactuar con los padres y los alumnos para poder resolver el problema, aclarar las cosas y buscar la mejor forma de ayudar a todos.

 

En una ocasión, una escuela en los Estados Unidos tenía muchos problemas con los alumnos. Cuando el camión que recogía a los alumnos en sus casas, terminaba de recolectar a todos e iba hacia la escuela, los niños en la parte de atrás, hacían un escándalo terrible, se golpeaban, se aventaban cosas, rompía los asientos, etc.

 

La escuela se dio cuenta de eso y habló con los padres y éstos dijeron: “Ustedes están mal, mi hijo se porta muy bien, ustedes lo están difamando”. Incluso hubo hasta demandas y denuncias. Lo que hizo la escuela en la siguiente ocasión es que puso cámaras de video en los camiones y, sin decirles nada a los niños, grabaron y filmaron todo. 

 

Después volvieron a llamar a los padres, quienes se molestaron otra vez, pero cuando vieron el video se fueron de espaldas. No lo podían creer, no creían que sus hijos tuvieran ese comportamiento, ¿por qué? Porque en casa no lo hacían. A partir de entonces, las escuelas establecieron un sistema de monitoreo con videos y eso hizo que el comportamiento entre los alumnos se moderara.

 

Quiero terminar leyendo un texto de las Sagradas Escrituras que se encuentra en Deuteronomio 25:1 y dice lo siguiente: “Si hubiere pleito entre algunos y acudieren al tribunal para que los jueces los juzguen, éstos absolverán al justo y condenarán al culpable.”

 

La Sagrada Escritura nos explica un principio muy importante en las relaciones humanas: la justicia. En otras palabras, todos los seres humanos tenemos relaciones unos con otros y dentro de éstas puede haber diferencias y pleitos.

 

Cuando una autoridad se da cuenta de esto tiene que actuar, tiene que castigar al culpable y absolver al inocente. Cuando se hace eso en cualquier ámbito de la vida, se crea un ambiente de justicia y los que quieren abusar de otros se dan cuenta que no pueden hacerlo sin recibir las consecuencias. El inocente y débil, al ver que hay un sistema de justicia que los protege, puede andar con confianza.

 

El bullying tiene que ser tratado a fondo. No se puede permitir que aquellas personas jóvenes que abusan del poder perseveren en ello; se debe actuar y ver la manera de cortar de raíz el problema, para defender a los inocentes y que todos tengan la misma oportunidad y los mismos derechos.

 

Ing. Gilberto Sánchez

Esperanza para la Familia, A. C.

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Respuestas a esta discusión

rakel el tema es super interesante y de verdad no solo entre alumnos si no de parte de los profesores tambien hay agresion verbal y después una amenaza de que si se quejan los padres se llevan la materia aqui hay varios casos de denuncia a profesores hasta de abuso sexual con alumnas es una verguenza la falta de etica por parte de los educadores de nuestros hijos . solo eespero que cambie el sistema ,saludos
Hola Miriam,
Tal cual. El bullying no tiene edades ni género, sucede en todos los ámbitos profesionales, familiares y sociales. Como bien se explica la temática en los textos anteriores, las condiciones para perpetrar este fenómeno comienzan desde nuestros hogares y cada persona está parada en un umbral distinto y con un rol particular. No podemos más que con el ejemplo lograr cambios. Si un maestro agrede a sus alumnos, que en realidad son sus colaboradores en el aprendizaje compartido, el desarrollo de la educación no tiene sentido y en realidad es un fracaso absoluto.
Me alegra que hayas tocado este punto vital, reflejo de nuestras cosechas.

Un abrazo enorme y gracias por compartir,
Raquel
hola raquel me parece muy interesante tu tema, te comento que le va a ser muy util para un compañero de la universidad que va a hacer su tesis trabajando esta problematica, pero como puedo hacer para tener la parte II...???
estare esperando tu respuesta muchas gracias por la informaciòn

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