Hoy habró este tema, porque van varias veces que dejan sin recreo a mi hijo en la escuela " Montessori"
Yo que sepa esta pedagogía no resulve asi las cosas, ustedes que opinan?
Dejo aqui una nota que llevé a varias escuelas hace un par de años.




Vuelve el “cole” y, con él, se disparan el estrés, la depresión y la hiperactividad que acucian a muchos niños. en estados unidos, algunos centros abren a las siete de la mañana y también los sÁbados, mientras aumentan las horas lectivas. a los pequeños les falta tiempo y espacio para el que tendrÍa que ser su deber principal: jugar. ¿Les estamos ayudando a labrarse un futuro o estamos acabando con la infancia?

Por Carlos Fresneda y Flora Saez

Ningún adulto podrá prever ni medir cuánto aprende un niño que juega, y esa cantidad será siempre superior a la que podríamos imaginar” (Francesco Tonucci). Los sufridos niños de Atlanta arrastran la mochila desde el 13 agosto. Poco importaron los 35 grados con elevada humedad que hacían el aire casi irrespirable. Poco también las quejas de los pequeños, forzados a renunciar a la mitad de sus vacaciones. La letra, con sudor entra. Ése ha sido este año el lema de la anticipada vuelta al cole en Estados Unidos.

En la Atlanta olímpica, el tiempo es oro. A los chavales les han quitado la media hora del recreo para incrementar su rendimiento académico. Los nuevos colegios los construyen ya sin patios, a sabiendas de que nunca serán usados. “Nos pagan para obtener resultados, y no para que los niños hagan el mono”, excusa de Benjamin Canada, director de una escuela local. Este curso, además, viene el Tío George (Bush) con la rebaja: exámenes de reválida desde los nueve años. Más horas lectivas, más actividades extraescolares, más deberes, al colegio los sábados...

Para no perder el tren, a los padres les aconsejan que empiecen cuanto antes con la instrucción formal y aprovechen al máximo el potencial de sus retoños. En la guardería Weschler de Manhattan (Nueva York), los niños de tres años han de superar un test de inteligencia antes de ser admitidos. Y en Marietta, a un paso de Atlanta, está la popularísima La Crême de la Crême, donde enganchan a los chavales al ordenador desde los dos años y les programan con software como el Baby Einstein. Aunque la puntilla la han puesto en Pittsburg, donde funciona una cadena de guarderías abiertas las 24 horas, JLC Daycare & Learning, para que los padres trabajen sin preocupaciones durante la noche. Hasta la Disney se ha sumado a la fiebre hiperactiva con un canal de televisión para niños que funciona sin interrupción toda la madrugada.

¿Qué les espera a estos niños, hijos putativos de la neurosis colectiva y de la revolución tecnológica? ¿Hasta dónde se puede forzar la máquina sin disparar los niveles de estrés, depresión e hiperactividad que acucian a los más pequeños? ¿Les estamos ayudando a labrar su futuro o les estamos robando su bien más preciado, la infancia?

Seguimos en Estados Unidos, el laboratorio donde se cuecen todas la tendencias que tarde o temprano nos llegan. En 1981, los niños disponían de un 40% de tiempo libre en un día cualquiera. Ahora, los pequeños tienen sólo una cuarta parte de su tiempo para actividades no programadas por los mayores. Hay colegios que adelantan su entrada a las siete de la mañana. En el Bronx, un distrito escolar regala despertadores a los padres para que los niños no se duerman. Al terminar las clases, los chavales hacen cola ante Futurekids, Score!, Skyshapers y otros centros complementarios adonde acuden para engordar su currículo. Allí mismo pueden celebrar, entre pantallitas y teclados, su ciberfiesta de cumpleaños. Adiós al juego espontáneo, a la imaginación, a los sueños de la añorada infancia (incluido el aburrimiento, antesala de tantas buenas cosas). Los niños de hoy aprenden a correr antes que a caminar, a teclear antes que a razonar. Son adultos prematuros, adiestrados en la escuela del harás y no descansarás.

Los “hiperpadres”. La presión del cole es sólo una parte de la ecuación. La sociedad de consumo, la rigidez laboral y la mentalidad productivista de los propios padres también pesan lo suyo. “¡Cómo estimular al recién nacido!”, “¡Bebés más listos!”, “¡Potencia sus dotes naturales!”... son los mensajes que nos llegan en revistas a la medida de los hiperpadres. El complot contra la infancia también llega cargado de falsos mensajes positivos. Los niños de hoy son unos privilegiados, se nos dice. Les damos todo lo que quieren, están muy consentidos, insisten. Luego no tienen motivos razonables para quejarse...

La reacción contra la cultura dominante, que atiende únicamente a las necesidades materiales y olvida por completo las carencias emocionales de los más pequeños, empieza a despuntar a ambos lados del Atlántico. Padres y pedagogos, pediatras y psicólogos se han embarcado contra la corriente y están reclamando lo que parece obvio: el derecho de los niños a ser niños.

En Estados Unidos y en Gran Bretaña han surgido en los últimos años asociaciones como Alliance for Childhood (alianza por la infancia) y Let the Children Play (dejad a los niños jugar), prestos a defender el juego, el esparcimiento y otros privilegios cada vez más raros en la niñez. El Movimiento Mundial por la Infancia ha extendido el campo de acción, y junto al objetivo de “educar a todos y cada uno de los niños” se encuentra también el de “poner a los niños en primer lugar”. En la Convención sobre los Derechos del Niño de la ONU, el juego, el descanso y la diversión, no lo olvidemos, figuran como tales.

Por nuestras latitudes, el activismo en este campo es todavía muy incipiente, aunque poco a poco van cuajando iniciativas como la red de ludotecas o La Ciudad de los Niños, que reivindican los espacios y los sueños perdidos. “Mientras en otros países están emprendiendo ya el camino de vuelta, nosotros nos estamos aproximando al punto crítico”, sostiene Javier Martín Holgado, psicólogo evolutivo y padre de tres hijos. “Hemos pasado de una sociedad paidocéntrica, con el niño como punto de referencia, a esta sociedad adultocéntrica que lo dispone todo en función de los adultos. En la familia posmoderna de hoy en día, los niños no tienen tiempo. Los chavales juegan menos, ya no hacen vida de barrio, sufren graves carencias afectivas y son víctimas prematuras del estrés y de la depresión”, afirma. Los datos son esclarecedores y preocupantes: alrededor de un 40% de los críos españoles tiene problemas de estrés, entre un 8% y un 9% padece depresión y alrededor de un 3%, ansiedad.

La actitud de los padres, la ubicuidad de la televisión —nuestros niños están una media de 138 minutos diarios ante la pequeña pantalla y alrededor de un 30% tiene un televisor propio en su habitación—, la marea consumista, la pérdida del tejido social... Todos esos factores van en detrimento de la infancia, aunque puestos a elegir un culpable decisivo, Martín Holgado se inclina por el sistema educativo. “Tenemos a los niños como si fueran conejillos de indias”, se lamenta el psicólogo. “No tiene sentido volver a implantar un sistema pedagógico de otro siglo: más horas lectivas, más presión, más tareas... Estamos claramente en ese camino hacia atrás, como si negáramos cualquier otra dimensión de la vida que no sea la estrictamente académica”.

María López Matallana, pedagoga y madre de dos hijos, sabe de sobra lo que se está cociendo en la infancia: “La gente está convencida de que hay que preparar a los niños para un futuro muy competitivo. Con esta mentalidad, jugar equivale simple y llanamente a perder el tiempo”. María recuerda todavía como una bendición aquellas palabras liberadoras de su abuela: “¡Vete a gozar!”. Lo cual quería decir que la niña tenía permiso para jugar en total libertad y a sus anchas. “Ahora es casi impensable que los niños bajen a la calle a jugar”, constata María. “No sólo les falta el tiempo, también los espacios. Las ciudades se han vuelto hostiles, y la familia está casi siempre ausente. En las casas con hijo único, la televisión hace a todas horas de niñera”. María considera el juego como “requisito imprescindible para el desarrollo integral y armonioso del niño”. Así lo reivindica en un libro, Organización y animación de ludotecas, escrito al alimón con Jesús Villegas.

Espacios de juego. Las ludotecas llegaron a España con retraso, a principios de los 80. Hoy existen unas 200, a la medida de niños de todas las edades. La idea es crear espacios que sirvan como punto de encuentro, cuajados de juegos de todo tipo, en donde los pequeños puedan explorar sus posibilidades sin presiones ni obligaciones (eso sí, bajo la supervisión y la orientación de adultos). Los expertos lo llaman tiempo libre educativo. “La mayoría de la gente no es consciente de que tan importante es para un niño un libro como un juguete. Y ni siquiera me refiero a los llamados juguetes educativos. Estoy hablando de una simple pelota”. Quien habla es María Aguirre, profesora animadora de El Gusano que, con 18 años a sus espaldas, fue la ludoteca pionera de la Comunidad de Madrid y una de las primeras de España. “Que nadie se confunda. Nuestra función no es guardar niños. Esto no es un aparcamiento. Muchos padres me preguntan por qué no tenemos un horario que se adapte mejor a sus necesidades laborales. Yo siempre les respondo lo mismo: a nosotros sólo nos interesan los niños, y queremos que jueguen. Que vengan aquí no porque les traen, sino porque disfrutan con lo que hacen. Los problemas de los padres, de horarios o del tipo que sean, no nos incumben”.

Mucho trabajo. En El Gusano hay prácticamente de todo. Por supuesto, pelotas, pero también combas, juegos de mesa, cubitos con fregona o tractores para conducir por los alrededores. Para Laura, de seis años, una de las asiduas, el tractor rojo es su preferido. Y aunque María Aguirre ni lo diga ni pueda demostrado, se nota que esta niña está entre sus favoritos, porque conecta a las mil maravillas con la filosofía de la infancia que anima a ésta y a todas las ludotecas. “Laura es de los pocos niños que de mayor no quiere ser médico, ni futbolista, ni dice que quiere ganar mucho dinero. Quiere vender flores, porque las flores son lo que más le gusta. ¡Tienes que ver cómo juega!”.

Inés es otra de las incondicionales. Tiene nueve años y va a El Gusano desde los tres. Este año apuntaron también su hermanito Luis, de cuatro. Su juego favorito es Misterios de Pekín, un pequeño enredo de crímenes y pesquisas policiales. Aunque es una cría, Inés tiene ya memoria histórica: “Cuando era pequeña me encantaba venir a la ludoteca. Ahora tengo mucho trabajo, y cuando estoy harta, juego. Pero este curso ya voy a dejar de venir”. ¿La razón? “Tengo muchos deberes”. Y actividades extraescolares: inglés y patinaje.

“Ni los adultos tenemos tiempo libre ni los niños lo tienen. Falta hasta para pequeñas tonterías, que son de lo más necesarias. Sobre todo, para jugar por jugar, porque es divertido”, corrobora Mónica Stilman, coautora de una investigación del Ministerio de Asuntos Sociales titulada ¿Por qué juegan los niños? Esta licenciada en Educación y psicoanalista reivindica el papel de iniciativas como las ludotecas, pero si hay algo que echa en falta es “el juego que surge del simple encuentro y no necesita de espacios predeterminados. El que empieza con un simple ‘¿a qué jugamos?’. Porque es entonces cuando el niño empieza a inventarse la vida, a imaginar”.

Esta reivindicación del juego libre y espontáneo es el lema que desde hace más de 20 años inspira al italiano Franceso Tonucci. El libro La ciudad de los niños da nombre a su ambicioso proyecto, que consiste más o menos en esto: “Hacer que los adultos bajen sus ojos hasta la altura de los más pequeños”. “El miedo imaginario al bosque ha dejado paso al miedo real a la ciudad”, escribe Tonucci. Al niño le han robado su espacio natural, permanentemente invadido por los coches y demás monstruos urbanos. No se trata de dar un nostálgico paso atrás, sino de imprimir un giro para hacer que ciudades, barrios y pueblos sean más habitables para los niños (y de paso, para los adultos).

La semilla de La Ciudad de los Niños se sembró hace una década en Fano (Italia), con la participación entusiasta de los pequeños y no tan pequeños. La cosecha se ha extendido ya por 40 ciudades italianas y está empezando a dar sus frutos en Argentina y España. El junio pasado se celebró precisamente en Madrid el II Encuentro Ciudad de los Niños. Fidel Revilla es el propulsor entusiasta de la idea desde Acción Educativa: “Tenemos que romper ese círculo de aislamiento y desconfianza que se está apoderando de los críos. Estamos obligados a devolverles la esperanza y el espacio. El juego, la interacción y la autonomía son básicos para su crecimiento como personas”, sostiene Revilla. “Los niños no pueden estar constantemente acatando órdenes de los adultos. Como le escuché decir hace poco a un chaval: ‘Yo lo que quiero es un campo de fútbol sin entrenador’”.

Cambio radical.“Si queremos un cambio verdadero, radical, vale la pena asumir el punto de vista del niño” (volvemos al ideario de Francesco Tonucci). “En el fondo es una propuesta muy útil: hay que aprovecharse de ellos y convertirlos en nuestros aliados, hay que cederles la voz en órganos como el Consejo de los Niños, para que las ciudades tengan siempre en cuenta su perspectiva”. El Consejo de los Niños del municipio madrileño de Móstoles, uno de los ocho que se han puesto en marcha en España, se constituyó el 16 de junio de 2000, integrado por 16 escolares, chicos y chicas a partes iguales, de diez y once años. El empeño lo puso Palmira López-Fraile, presidenta de una de las juntas de distrito, concejala socialista de Educación, pedagoga, maestra durante 19 años y madre. “Éste era una proyecto muy bonito sobre el papel, pero complicado para que los demás políticos, incluido el alcalde, y el resto de los ciudadanos se lo creyeran”. Pero la idea cuajó, y los niños miembros del consejo recibieron el encargo del alcalde de hacer sus propuestas para mejorar la convivencia entre vecinos y tráfico urbano. Manos a la obra. Los pequeños hicieron sus misiones de observación, sus sesiones plenarias, extendieron sus consultas a los colegios... Una cosa estaba clara: la falta de espacios para el juego, la invasión de los coches y la suciedad de las calles, con sus cacas de perro incluidas, no les gusta a los niños de Móstoles. Propuestas: prolongación de algunas aceras, construcción de varios pasos de peatones y rampas para minusválidos y creación de unas multas simbólicas del Consejo de los Niños para advertir a los coches mal aparcados. Algunas de ellas ya se han puesto en práctica. Otras, esperan a mejor momento.

Utopía infantil. Pero, ¿cuándo llega ese momento? La utopía infantil de Francesco Tonucci se estrella a diario contra las exigencias de las sociedades modernas. Parafraseando a David Elkind, el psicólogo americano que ha ahondado más incisivamente en el tema, y autor de The hurried child, vivimos en la era del niño apresurado. “El concepto de infancia está bajo amenaza en la sociedad que hemos creado”, escribe Elkind. “Los niños de hoy en día son víctimas de un abrumador estrés: han de crecer más rápido, adaptarse a los continuos cambios sociales, responder a expectativas que son cada vez mayores”. De todos los comportamientos al alcance de los adultos, dice este psicólogo, el peor es volcar nuestras preocupaciones y ansiedades sobre los más pequeños. “Como sociedad, hemos llegado a la conclusión de que lo mejor es que el niño madure rápidamente. Y, sin embargo, no nos damos cuenta del daño que le estamos haciendo cuando apresuramos su infancia y le tratamos como si fuera un adulto en miniatura”, concluye.

Alvin Rosenfeld, experto en psiquiatría infantil, ha bautizado este síndrome con el título de su reciente libro Hyperparenting (hiperpaternidad). “¿Por qué no aprovechar todos los recursos a nuestro alcance y hacer que las vidas de los niños sean más productivas?”, es la pregunta que flota en el ambiente, según Rosenfeld. “Los padres llegan a pensar que un niño que no reciba estímulos las 24 horas del día, los siete días de la semana, acabará siendo un holgazán”. El psiquiatra sostiene que los hiperpadres cometen el error de ceder a la presión en vez de escuchar su propio instinto. “Exigen más a los niños con las mejores intenciones, pero no se dan cuenta de que esa programación abusiva de sus días y sus noches se vuelve contra ellos”.

Alvin Rosenfeld reivindica también el juego no sólo como derecho del niño, sino también como receta para una infancia feliz, saludable, humana y más inteligente. E invita a pensar sobre lo siguiente: “Esta manía por criar pequeños Einsteins acaba muchas veces teniendo un efecto contraproducente. No olvidemos que el verdadero Einstein fue un muchacho notoriamente soñador que tardó en hablar y en escribir y que sacaba malas notas en la escuela”.

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Respuestas a esta discusión

Hola! Olga,

Que historia! y cuantas mas desconocemos, mil gracias! por compartir tu vivencia que a muchos de nosotros nos sirve de ejemplo. Espero que hoy en día seas plenamente feliz!

Yo seguiré trabajando justamente para que no humillen a mas niños dejándolos sin recreo.

Gracias! Olga por compartir un trozo de tu infancia.

Besos! infinitos
vi.

Violeta:
En principio no suena razonable, Pero habria que verlo e contexto. También habría que ver qué otras estrategias paralelas estan utilizando y qué es lo que evaluan como transgresor o "no correcto" en tu hijo o en su conducta o actitud. Me cuesta darte una opinión que te sea realmente úti,l sin saber algo más, pero entiendo que este no es el contexto.
Te mando un abrazo!
Doris
Es una pena que esto pase en una escuela Montessori, también pasan en escuelas Waldorf y otras alternativas, pero eso, como ya se ha comentado eso es por la falta de sentido común por parte de esos profesores, los métodos no tienen la culpa.

Jesús


Si muchas veces te preguntaste cómo es Montessori, quizá sea tu oportunidad para ver la Propuesta Montessori en movimiento, en español y en DVD de la American Montessori Society. Solo escríbenos o visita el Blog

www.otra-educacion-es-posible.blogspot.com.
Este grupo se creó con el fin de involucrarnos en nuevos paradigmas educativos, niños del tercer milenio y educación alternativa, es nuestro deber dar lo mejor a los demás y es Amor puro y duro...
que interesante comentario. En Argentina, al menos en La Plata, donde resido, no hay espacios dentro de la escuela para que los chicos jueguen (gratuitos, si pagás tenés algo). No está contemplado más que el recreo, esos pequeños espacios en los que los chicos no pueden ni correr porque las escuelas no suelen poner personal para vigilar un poco a los chicos que suelen hacer muchas travesuras, tampoco pueden hacerlo porque en las escuelas no hay patios apropiados para ello. Y como frutilla del postre, quedarse sin recreo, o lo peor que escuché aquí: deberes como castigo para todo el grupo porque un niño conversó!!!!!!!!!!!!!!!!!! y no hablo de una escuelita donde se hace lo que se puede con lo que se tiene, la Argentina es un enorme país y no es lo mismo vivir en Buenos Aires que vivir en un pueblito, por ejemplo de San Luis, sé de esto porque mi hija mayor vive allí y ejerce como maestra, y es otro mundo, son otras las realidades, aunque la tele le sigue ganando en todas partes a las tardes de lectura y manualidades. Aqui mismo y en mi realidad de este momento, mi nena está haciendo manualidades, se cansa y repasa, le hago dictados porque ya entra en quinto grado y tiene horrores de ortografía!!!!, y la tele prendida, sin volumen, es como si estuvieran en tres lugares distintos y luego escucho la palabra "estoy aburrida", y me cuesta, porque antes no nos aburríamos nunca y ahora tienen de todo y se aburren!!!! un gran dilema al que nos enfrentamos padres, educadores, toda la sociedad. Es para seguir, pero prefiero jugar otro rato más con ella que se le acaban las vacaciones. Hasta la vista. Me encanta este grupo!!!!!!!
Gracias por el articulo. Importante tenerlo en cuenta. Bendiciones.

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