¿Cuántos de vosotros pensáis que vuestros padres se estaban divirtiendo la noche en que fuisteis concebidos? ¿Cuántos pensáis que por lo menos uno de ellos se estaba divirtiendo? Por lo menos uno de ellos se estaba divirtiendo. Así que fuisteis concebidos en un momento de dar y tomar, ¿no es así? ¿Cuántos estáis de acuerdo?

Entonces ahora estás familiarizado con los padres. Y se los llama padres porque en la magnífica lujuria que compartieron te amaron hasta darte la vida. Hay dadores y tomadores; hay hombres y mujeres. Y están hechos para dar y recibir. Los hombres, obviamente, han sido creados para poner la simiente en el nido interno de la mujer. Eso es dar. Y la mujer toma. Luego, cuando la mujer crea al niño, ella le da al niño, y el niño toma. ¿Verdad?

Ahora, ¿representan los padres el amor creativo? ¿Cuántos estáis de acuerdo? Lo representan. Aunque sólo sea por ese momento; aunque el único motivo para estar juntos haya sido que tú pudieras escabullirte por la puerta trasera de la encarnación. En ese momento hubo permiso, ¿no es cierto?

Cuando vemos a nuestros padres desde este punto de vista, los vemos de una manera un poco distinta. Entonces entendemos que, como seres humanos, también son Dios de manera innata. Ellos, que están vestidos de forma humana, están diversificados y polarizados en positivo y negativo. Para crear unidad, lo positivo y lo negativo tienen que unirse. ¿Entiendes? Ahora, aquí tenemos amor sólo por un momento.

Después de que el niño ha sido concebido, puede que se ponga en duda lo que cada uno sintió realmente esa noche. Y después de nacer el hijo, sentimos que con nuestra acción de dar y tomar hemos creado. Nosotros lo hicimos, y con eso dimos a luz a una vida nueva. ¿Cuántos entendéis eso?

Entonces los padres son seres humanos. No saben tanto como tú sabes, y te aseguro que tus hijos van a saber mucho más que tú. Pero cada vez que tus padres expresaron amor lo hicieron a través de la naturaleza dadora de su ser. Y realmente, algunos de vosotros sois sumamente afortunados de haber tenido padres que se quedaron juntos, que debido a ese dar y recibir son inseparables. ¿Cuántos habéis tenido eso? Eso es bello. Di lo que quieras de tus padres, pero obviamente hay un sentimiento que recobran de vez en cuando y que los mantiene unidos. Ése es el pegamento. Se llama amor. ¿Cuántos de vosotros entendéis? Ahora, tú eres el resultado de ese amor.

Entonces, ¿no es el parto una profesión noble? ¿No lo es? Y aunque tu vida te guste o no, es un regalo. Y es un regalo de tu madre y de tu padre que se unieron y copularon en un momento de gran lujuria (amor). Y entonces fuiste creado. Es muy hermoso, realmente.

Así que aquí tenemos un pequeño problema. ¿De qué manera amas a tus padres? ¿Amas a tus padres? ¿Cómo sabes que amas a tus padres? ¿Qué les has dado a tus padres últimamente? Bien, vamos a analizar esto. Dices: «Yo amo a mis padres, pero son esto, son eso, son aquello y son lo otro». ¿Qué estás haciendo? El amor no se trata de criticar; se trata de dar. Y si realmente amaras a tus padres, les darías tu respeto. Les darías amor, les darías tu atención, y les darías tu tiempo. ¿No es Dios un dador? ¿No son los hijos más o menos tomadores? Lo son. Entonces, ¿cómo te va a ti en el área de los padres? ¿De qué manera amas a tus padres? ¿Cuántos de vosotros habéis desilusionado a vuestros padres? ¿Y cuántos nunca habéis desilusionado a vuestros padres? ¿Cuántos habéis sido alguna vez desilusionados o heridos por vuestros padres?

Ahora, a menudo la gente confunde el amor con la necesidad. ¿Cuántos de vosotros habéis visto o habéis estado alguna vez cerca de una persona muy necesitada? Las personas necesitadas son tomadoras. Eso es todo lo que tenemos que decir. Eso las explica muy bien. Ahora, si una persona necesitada es tomadora, ¿está expresando amor? ¿Cuántos de vosotros entendéis? No están expresando amor. Están en un estado de necesidad. La mayoría de la gente no comprende la diferencia entre un estado de necesidad y un estado de amor. Lo único que entienden es que nadie está satisfaciendo sus necesidades. Y si sus necesidades no están satisfechas, eso generalmente causa una decepción.

Ahora, esa necesidad puede ser tan pequeña como hacer que tu madre o tu padre te digan que te quieren o que lo hiciste muy bien. A lo mejor no te dijeron eso. En ese caso, te hubieras sentido decepcionado porque necesitabas que te lo dijeran. Pero ¿por qué necesitabas que te dijeran eso? Vamos, es muy simple. Esto va a ser muy iluminador en vuestras vidas después del curso. Porque querías que tus padres reconocieran que habías hecho algo bueno. ¿Cuántos de vosotros lo entendéis? Eso es comprensible entre los niños.

Ahora, el problema con los padres es que ellos fueron hijos una vez. Nadie salió de la matriz barbudo. Y hay solamente unas cuantas especies que nacen preñadas. Así que todos los padres han sido hijos.

Y, muy probablemente, los hijos crecerán y serán padres de acuerdo con la manera en que fueron enseñados, porque todos hemos aprendido que el cerebro crea la realidad como respuesta a su medio ambiente según como haya sido instruido. ¿Verdad?

Ahora, ¿qué pasa cuando los niños necesitados se hacen mayores? ¿Cuántos de vosotros sois adultos y necesitados? Adelante, todo está bien, la confesión es buena para el alma. ¡Solamente os regañaré más tarde!

Ahora, os estoy soltando esto porque os molesta a todos. Y me gusta meterme y soltarlo porque quiero que os moleste, ya que hay algo específico que aprender sobre el amor. Y es esto: si sabemos que el sentimiento más sublime es la acción de dar y que esta acción es la naturaleza del amor mismo, entonces nosotros, que somos los dadores, casi nunca nos encontramos en un estado de necesidad, porque estamos en un estado de amor.

¿Cuántos de vosotros habéis estado tan enamorados que nada más importaba en vuestras vidas? Así que mira: de eso estoy hablando. Cuando estás en un estado de amor, estás en un estado de Dios. Cuando estás en un estado de Dios, no estás en un estado de necesidad: estás en un estado de dicha suprema. Sin embargo, la mayoría de las personas interpretan eso sólo en función de estar enamorado de personas en particular. Todavía les queda por descubrir que abarca toda la vida y que, en verdad, comprende a todas las personas. Y ese amor tiene que ser un círculo de 360°. No puede ser solamente 30° de ese círculo. Tiene que ser completo, así como Dios es completo. ¿Entiendes?

Ahora, los padres deben ser venerados y respetados. Pero sobre todo, el amor más grande que los hijos pueden dar a sus padres es no esperar que sean algo distinto a lo que quieren ser. ¡Te agarré! Deberías amarlos incondicionalmente.

Es decir, cuando estás decepcionado con tus padres es porque estás decepcionado contigo mismo. Es porque no te has dado amor. ¡Tus padres son seres humanos! ¡Son Dioses! En realidad, son tus hermanos y hermanas. Así que no seas infantil y sabe eso. Y honrar a tus padres significa simplemente no hacerlos responsables de tu vida. Sé tú responsable de tu vida. Asume la responsabilidad sin importar lo que grite dentro de ti y dales amor a tus padres. Dales la libertad de ser lo que quieran y apóyalos. ¿Cuántos de vosotros entendéis eso?

Ahora, qué pasaría si tus padres te dijeran: «Estamos muy decepcionados contigo. No nos gusta lo que estás estudiando. No nos gusta que estés criando vacas. ¡Deberías estar en una oficina!» Ésa es una declaración aplastante para la gente insegura. Y sucede todos los días. Todos los días los hijos decepcionan a los padres y los padres aterran a los hijos. Qué pasaría si dijeras: «Está bien que sintáis eso por mí. Está bien. Todavía os amo». ¿Qué harían los padres entonces? «¿Queréis que venda las vacas y me vaya a trabajar en una oficina? ¿Os haría eso más felices? Porque realmente yo soy muy feliz con vosotros. Os amo.» ¿Cuántos de vosotros entendéis eso?

¿Cuántos habéis criticado a Dios? ¿Cuántos habéis criticado a vuestro Dios? ¿Te ha aniquilado tu Dios? ¿Todavía estás vivo? ¿Todavía tienes úlceras? Todavía están ahí; el Vacío no se ha movido para que te caigas.

Ahora, la moraleja aquí es que el amor no debería ser condicional; debería ser la acción de dar. Cuando le das a alguien entendimiento, eso es amor. Cuando entiendes a tus padres, eso es perdón. Y si eso es puro en ti, se transferirá a ellos. Entonces ya no los necesitarás. Sólo los amarás. ¿Cuántos de vosotros entendéis? Que así sea.



Ahora: hermanos y hermanas. ¿De dónde vinieron? ¿Cuántos de vosotros habéis tenido problemas con vuestros hermanos y hermanas? Los hermanos y hermanas son realmente hermanos y hermanas en Dios. Y los padres no son más que otro hermano y hermana que se están dando a luz a sí mismos. Dios se está dando a luz a sí mismo. Los hermanos y hermanas son individuos únicos.

¿Cuántos de vosotros les guardáis rencor a vuestros hermanos y hermanas? ¿Por qué? ¿De qué te ha servido eso? ¿De qué te ha servido? ¿Cómo ha mejorado eso tu mañana? ¿Te ha hecho dormir mejor de noche? ¿Has pensado alguna vez que a lo mejor han sido un regalo en tu vida? Y quizá no hubieras tomado ciertas decisiones en tu vida —las que tal vez te han traído hasta aquí— si no fuera por sus acciones en tu vida. ¿Se te ha ocurrido alguna vez que el amor más grande que puedes dar a tus hermanos y hermanas es simplemente amarlos, y darles comprensión y libertad, y pensamientos afables y sinceros?

Y el caso es que si vas a ser un Dios y vas a ascender al cielo, no puedes ascender al cielo estando endeudado con enemigos aquí. ¿Entiendes eso? Y que para ser Dios, si concebimos que Dios es un círculo de 360°, no serás Dios si sólo el 30% de ti está dedicado a la acción de dar y el otro 70% está dedicado a la acción de tomar. ¿Entiendes? ¡Aferrarse al resentimiento es tomar! Estar enganchado en una actitud de resentimiento hacia tus hermanos o hermanas o tu familia no es dar; es tomar.



Ramtha: el misterio del amor

Título original:. The Mystery of Love,

Visitas: 48

Responde a esto

Respuestas a esta discusión

gRACIAS VIOLETA, EL TEXTO LO COMPARTO TOTALMENTE, YA QUE ES UNO DE LOS QUE DOY EN MIS CHARLAS, UN ABRAZO DEL ALMA, JUAN
gracias gracias , me llego mucho y comprendi, cuidate besos y abrazos

vi,me gusto mucho el articulo,besos
YO VICTOR FIDEL: RESPONDO//// AMADO PADRE MIO OS PIDO QUE ME MOSTREIS LA VERDAD DE TODO DE LO QUE SE PRETENDA PRESENTAR OCULTO Y,QUE RESPLANDESCA LA UNICA REALIDAD AVIDA, TU VERDAD... QUE ASI SEA POR NUESTRO SR: JESUS CRISTO AMEN.////

Gracias por este maravilloso articulo. Un abrazote. Rocio.
VI, mi amor, Siempre hago referencia a algunas cosas de la cultura japonesa que me impactaron, tu sabes que los oriientales en general veneran a sus antepasados, pero no sólo a sus abuelos, sino diez generaciones atrás, porque hay mas de mil personas que lucharon para que nosotros estemos aquí. Creo que no es relevante las condiciones en que hicieron el amor nuestros padres, lo hicieron de la mejor manera que sabían, aún con la luz apagada y en camisón. Fuimos nosotros los que decidimos encarnar en esa familia, para corregir nuestro Tikum, siempre venimos para un aprendizaje (Baruj Hashem), y nuestra claridad de consciencia nos compromete (sabés que admiro tu tarea, y si puedo ayudar cuenta conmigo). Tu sabes que Jeshuá ben Joseph, era judío y como todo judío debía casarse antes de los veinte años, entonces ahora, hay una temenda discusión sobre si María Magdalena, era su mujer, para mi es absolutamente instrascente, porque no niega el mensaje y el compromiso que lo llevó a la peor muerte que inventaron los romanos, que eran los norteamericanos de hoy en cuanto a potencia militar. Creo con Louise Hay, que somos victimas de victimas, ellos nos dieron lo mejor que podían y cargaron nuestra PC con su interpretación de la vida y los valores que heredaron y no cuestionaron, porque no podían. Es nues tra responsabilidad, transferir a nuestros hijos, la espiritualidad que puede cambiar a este mundo que anda triste y está enfermo, como dice un chamamé de mi tierra.
Admiro tu trabajo. vamos a ver como involucramos a los padres, en el proceso educativo. Te quiero mucho. estoy a tus órdenes.Ernesto
Le decía a Raquelita que a veces juego al abogado del diablo para sacudir a mi gente amada. Ganzú Le Tová
De: Álvaro Posada Díaz
REPORTAJE
Papá dame un respiro
CARL HONORÉ 12/10/2008
http://www.elpais.com/im/ico_separador_horizontal.gif


Los adultos han secuestrado la infancia de los niños. El impulso de modelar a los hijos con un celo sobrehumano, la llamada "hiperpaternidad", evidencia el fracaso del modelo infantil actual. Es lo que el autor de 'Elogio de la lentitud' defiende en su nuevo libro, 'Bajo presión'. Y se pregunta, en este texto para 'El País Semanal', qué significa ser niño y padre en el siglo XXI.
Todo comenzó durante una reunión de padres en una escuela de Londres. La opinión que los profesores me dieron sobre mi hijo era buena, pero cuando entramos en la clase de arte, los halagos aumentaron a niveles inesperados. Uno de sus trabajos, un boceto de un mago realizado al estilo de Quentin Blake, estaba colgado en la pared con chinchetas como modelo para los demás alumnos. Por debajo del retrato, mi hijo había pintado la cabeza de un hombre desde diferentes ángulos. La profesora de arte lo descolgó para enseñármelo.


- Hide quoted text -
"Es increíble que un niño de siete años, por iniciativa propia, haya representado la perspectiva de esa forma", me decía entusiasmada. "Su hijo, verdaderamente, destaca en clase. Es un joven artista superdotado".
Y ahí estaba, la S de esa palabra de 11 letras que produce taquicardia a cualquier padre: superdotado.
Aquella noche me puse a buscar en Google cursos y profesores particulares de arte para cultivar el don de mi hijo. En mi mente desfilaban las imágenes del que podría ser el próximo Picasso. Hasta la mañana siguiente. "Papá, yo no quiero un profesor particular, sólo quiero dibujar". Me confesó mientras desayunábamos. "¿Por qué los adultos siempre tienen que controlar todo?".
su pregunta me impresionó bastante. A mi hijo le encanta dibujar. Puede pasar horas inclinado sobre un trozo de papel inventando extrañas formas de vida, diseñando complicados libros de cómics o haciendo bocetos de Ronaldo dando patadas a un balón. Dibuja bien y se siente feliz con ello. Pero, por alguna razón, esto no era suficiente. Una parte de mí quería aprovechar esa felicidad, pulir y sacar partido de su talento, convertir su arte en un éxito. Mi hijo tenía razón: estaba intentando controlar todo.
Aquella conversación a la hora del desayuno resultó ser uno de esos momentos reveladores que le cambian a uno la vida. Me hizo darme cuenta de que, como padre, estaba perdiendo el equilibrio. También me inspiró para escribir Bajo presión: cómo educar a nuestros hijos en un mundo hiperexigente.
Para realizar la investigación del libro pasé dos años viajando por toda Europa, América y Asia analizando la situación de la infancia en la actualidad. Visité colegios, guarderías, clubes deportivos, laboratorios y ferias de juguetes; me entrevisté con profesores, entrenadores, concejales, publicistas, policías, terapeutas, médicos y cualquier experto en desarrollo infantil. Hablé también con cientos de padres y de niños, y seleccioné las últimas investigaciones científicas.
Lo que descubrí es que los adultos han secuestrado la infancia de los niños de una manera nunca vista hasta ahora. Bajo presión explora el porqué del fracaso del modelo infantil actual y ofrece propuestas de todos los rincones del mundo para ayudarnos a encontrar una solución. El libro no es un manual para padres. Mi intención va más lejos: redefinir lo que significa ser niño y padre en el siglo XXI.
Desde luego, el impulso de controlar al milímetro a los niños no es nuevo. Hace 2.000 años, un maestro llamado Lucius Orbilius Pupillus identificó a los padres con demasiadas ambiciones para sus hijos como gajes del oficio en las aulas de la antigua Roma. Cuando el joven Mozart hizo prodigios que se pusieron de moda en el siglo XVIII, muchos europeos educaron a sus propios chicos con la esperanza de conseguir niños prodigio. Hoy día, sin embargo, la presión por conseguir lo mejor de nuestros niños parece que consume todo el tiempo disponible.
Como padres, sentimos el empeño de empujar, modelar y educar a nuestros hijos con un celo sobrehumano para darles lo mejor de todo y hacer de ellos los mejores para todo. Pensemos en la colección de DVD de Baby Einstein o en la de yoga para niños; en el último modelo de iPod; o en los GPS con dispositivo de localización para las mochilas; clases de ballet, de fútbol, de cerámica, de yoga, tenis, rugby, piano, yudo. Sentimos que fracasamos si nuestros hijos sufren de algún modo y no brillan como artistas, profesores o atletas.
En todo el mundo, esta forma de controlar al milímetro la educación de los niños es conocida con diferentes nombres. Algunos la llaman "hiperpaternidad". Otros se refieren a ella como padres helicóptero, porque siempre están vigilando. Los canadienses bromean con los padres quitanieves, que marcan un camino perfecto en la vida de sus hijos. Incluso en los países nórdicos, donde se supone que viven gloriosamente relajados, se habla de padres curling: mamá y papá despejando frenéticamente el hielo por delante de su hijo.
Está claro que no todas las infancias son iguales. No se encuentran muchos niños superprotegidos en los campos de refugiados de Sudán o en las chabolas de Suramérica. Incluso en los países desarrollados hay millones de jóvenes, sobre todo entre familias humildes, que tienen más probabilidades de padecer poca protección que de estar sobreprotegidos. Seamos honestos: la mayoría de los padres helicóptero proceden de la clase media. Aunque esto no significa que este aspecto cultural afecte solamente a la gente acomodada.
A medida que un cambio social se produce, la clase media en general marca el camino a seguir. Y, además, el exceso de protección de los niños está minando la solidaridad social, ya que cuanto más obsesionadas están las personas con sus propios hijos, menor es el interés por el bienestar de los demás.
Los padres también forman parte de esta ecuación. Fuera de casa, todos, desde los gobiernos hasta la industria publicitaria, tratan de manipular la atención de los niños para ajustarla a sus propios planes. Recientemente, un grupo de parlamentarios ingleses advirtió de que hay muchos niños cuyo sueño es crecer para ser hadas, princesas o estrellas de fútbol. La solución que plantearon: aconsejar a los niños de cinco años sobre la profesión que querían ejercer de mayores.
El consumismo ha entrado sigilosamente en cada rincón de las vidas de los niños, algo que parecía intocable. Sólo el simple hecho de dormir en casa de una amiga se ha convertido en estos momentos en una oportunidad para empresas publicitarias como la Agencia de Inteligencia Infantil, que patrocina fiestas en las que las adolescentes prueban nuevos productos y rellenan cuestionarios. Los trabajadores de McDonald's visitan los hospitales para entregar a los niños juguetes y globos, así como folletos para promocionar su comida. Juntando estos datos, estimamos que muchos niños ven hoy día unos 40.000 anuncios al año.
Al mismo tiempo que permitimos que nuestros hijos se entreguen al consumismo, les protegemos entre algodones y les prevenimos ante riesgos que realmente les harían bien. En muchos países, los gobiernos han prohibido actividades peligrosas tales como las canicas, el juego de corre que te pillo o las peleas de bolas de nieve. Casi la mitad de los niños ingleses con edades comprendidas entre los 8 y los 12 años nunca se han subido a un árbol porque sus padres piensan que es muy peligroso. No importa que en la mayoría de los países el delito de pedofilia sea menos frecuente de lo que era hace una generación (ocupa más espacio en las portadas de los medios). Tenemos tanto pánico a que nuestros hijos puedan convertirse en un caso similar al ocurrido con Madeleine McCann, que les encerramos en casa como a las gallinas.
Veamos lo que ha sucedido con la educación. Los niños reciben cada vez más pronto clases particulares y hacen evaluaciones una y otra vez con el fin de que las notas sean más importantes que el aprendizaje en sí mismo. Hoy día, más que nunca, muchos niños toman medicamentos como el Ritalin para ayudarles a concentrarse en los estudios. Al fin y al cabo, ¿qué son los medicamentos? El no va más del control al milímetro.
En la actualidad, mires donde mires, el mensaje que recibimos es el mismo: la infancia es demasiado preciosa para dejársela a los niños, y los niños son demasiado preciosos para dejarlos solos. Pero ¿esto es malo? Tal vez sea este control al milímetro de resultados. Tal vez estemos formando a los niños más sanos, más brillantes y más felices que nunca antes hayamos visto. O tal vez no.
Desde luego, deberíamos tomar con cierta precaución los informes sobre que el concepto de infancia se muere. Son muchas las ventajas de crecer en un mundo desarrollado de principios del siglo XXI: los niños tienen menos probabilidades de padecer desnutrición, abandono, violencia o muerte que en ningún otro momento de la historia. Están rodeados de comodidades impensables hace una generación. Legiones de profesores, políticos y empresas utilizan todos sus esfuerzos para procurarles nuevas fórmulas de alimentación, educación, moda y entretenimiento. La ley internacional protege sus derechos. Son el centro del universo de sus padres.
Y aun así, algo sigue mal. Todo este control al milímetro, aunque bien intencionado, está fracasando. Los niños necesitan mucha orientación y un firme empujoncito de vez en cuando, pero cuando los adultos mandan, cuando cada situación es programada, supervisada o estructurada, hay que pagar un precio.
Comencemos por la salud. Los niños, encerrados en casa y sentados en el asiento trasero del coche mientras conducimos, están creciendo más gordos que nunca. La Asociación Internacional para el Estudio de la Obesidad calcula que en el año 2010, el 38% de los niños menores de 18 años de Europa y el 50% de los de América del Norte y del Sur serán obesos. Más aún, los kilos de más les están condenando a padecer enfermedades coronarias, diabetes tipo 2, arterioesclerosis y otros desórdenes en otro tiempo típicos de adultos.
Los niños deportistas también sufren. Los jóvenes que realizan mucho ejercicio acaban agotados. Lesiones como rotura del ligamento cruzado anterior, antes muy comunes entre atletas profesionales y universitarios, abundan ahora entre los estudiantes de secundaria y son tremendamente frecuentes entre los niños de 9 y 10 años.
Y tal como funciona el cuerpo, así lo hace la mente. La depresión y la ansiedad infantil -y el abuso de drogas, autolesiones y suicidio que a menudo los acompañan- no son hoy día más comunes en los guetos urbanos, sino en los elegantes barrios del centro de las ciudades y en las arboladas zonas residenciales de las afueras donde la emprendedora clase media ejerce su presión sobre los niños.
Los niños controlados al milímetro pueden pasarlo muy mal para valerse por sí mismos. Los servicios de orientación psicopedagógica de las universidades reconocen que hay cifras récord de estudiantes con depresión. Y los profesores comentan que algunos jóvenes de 19 años, en el transcurso de una entrevista, les entregan su teléfono móvil con estas palabras: "¿Por qué no habla usted todo esto con mi madre?".
El cordón umbilical permanece intacto incluso después de terminar la carrera. A la hora de contratar titulados recién salidos de la universidad, importantes empresas como Merrill Lynch han comenzado a lanzar lo que llaman "paquetes para padres", o jornadas de puertas abiertas compartidas para que mamá y papá puedan visitar sus oficinas. Muchos padres incluso les acompañan a las entrevistas de trabajo para ayudarles a negociar las condiciones de sueldo y vacaciones.
Algo precioso y difícil de valorar también está perdiéndose en el camino. El poeta inglés William Blake resumía la magia y lo maravilloso de la infancia de este modo:
"Para ver el mundo en un grano de arena
y el firmamento en una flor silvestre,
coge el universo en la palma de tu mano
y la eternidad en una hora".
Hoy día, los niños están demasiado ocupados corriendo de un lado para otro con clases de violín o clases particulares de matemáticas para coger el universo en la palma de sus manos. Y esa flor silvestre parece que da un poco de miedo. ¿No será que tiene espinas o que el polen provoca reacción alérgica?
La realidad es que los niños necesitan tiempo y espacio para explorar el mundo por sí mismos: así es como aprenden a pensar, a imaginar y a tener relaciones; a tomar gusto por las cosas; a saber qué quieren ser en lugar de ser lo que nosotros queremos que sean. Cuando los adultos controlan al milímetro la infancia de los niños, éstos pierden todo lo que da satisfacción y sentido a la vida: pequeñas aventuras, disfrutar del sentimiento anárquico, viajes secretos, juegos, contratiempos, momentos de soledad e incluso de aburrimiento. Sus vidas se convierten en extrañamente sosas, sin logros personales y en cierta medida aburridas y artificiales. Pierden la libertad de ser ellos mismos, y lo saben. "Soy el gran proyecto de mis padres", dice Ana Placente, una niña de 13 años de Madrid. "Incluso cuando estoy a su lado, hablan de mí en tercera persona".
Y no olvidemos lo que toda esta presión produce también en los adultos: cuando el cuidado de los hijos se convierte en un cruce entre el desarrollo de un producto y un deporte de competición, la paternidad pierde su mágico sentido.
pero no todo son malas noticias. La buena noticia es que el cambio ya se está produciendo. En Europa, Asia y América, la gente está haciendo cosas para cambiar la situación, para dar a los niños más libertad para explorar el mundo a su ritmo, para permitirles ser niños de nuevo. Los colegios están poniendo freno a la obsesión de hacer exámenes y reducen los trabajos que tienen que hacer en casa -se han dado cuenta de que los alumnos reflexionan, estudian por sí mismos y aprenden mejor cuando tienen más tiempo para relajarse-. Hace poco tiempo, el colegio Cargilfield, un centro privado de Escocia, prohibió los deberes a los alumnos de entre 13 y 15 años. En un año, las notas de los exámenes de matemáticas y de ciencia mejoraron cerca de un 20%. Los niños también tienen más tiempo para disfrutar y jugar. "Es mucho mejor que se diviertan cuando son pequeños y no dediquen el día a hacer deberes", dice John Elder, director del Cargilfield. "Estamos aquí para divertirnos y nunca más tendremos la oportunidad de volver a ser jóvenes". Toronto se ha convertido este año en la primera ciudad de Canadá y América del Norte en suprimir por completo los deberes a los niños de cualquier edad.
Con el fin de dar un respiro al apretado programa de los niños, numerosas ciudades en todo el mundo les permiten tomar días libres cuando las actividades extraescolares se suspenden. Muchas familias se sienten liberadas por no tener que ir a kárate o a fútbol y tener que salir corriendo de casa, lo que reduce sus planes durante el resto del año. Las universidades más selectas también están lanzando un mensaje similar. El Instituto Tecnológico de Massachusetts ha cambiado recientemente la solicitud de ingreso, poniendo menos énfasis en el número de actividades extraescolares en las que un aspirante se puede inscribir y más en aquellas otras que realmente le interesen. Incluso la reconocida Harvard insta a los estudiantes de primer año a que comprueben su apretado programa antes de matricularse. En una carta publicada en la página web de la universidad, el antiguo decano Harry Lewis advierte a los estudiantes de que enriquecerán más sus vidas si se dedican a hacer lo que despierta verdaderamente su interés y no concentran todo su tiempo y esfuerzo en numerosas actividades. "Es más probable que consigan los objetivos que requiere el intenso ritmo de estudio si se permiten de vez en cuando tener tiempo libre, diversión y momentos de soledad, en lugar de llenar su agenda de actividades programadas que les impedirán pensar qué es lo que realmente quieren hacer". Lewis también hace hincapié en la idea de los jóvenes de conseguir un mejor puesto de trabajo si presentan un currículo perfecto. "Conseguirán un mayor equilibrio en sus vidas si realizan actividades puramente por entretenimiento y no con el objetivo de obtener un liderazgo que pudiera ser una credencial para conseguir empleo. El tiempo libre que pasen con sus amigos o compañeros de habitación podrá tener mayor influencia en sus vidas que el contenido de muchos de los cursos en los que se inscriben". El título de la carta es un mensaje claro y directo contra la cultura de la programación excesiva. Dice así: "Tranquilos: cómo sacar más provecho de Harvard haciendo menos".
Ya hay muchas familias en todo el mundo, como los Kessler en Berlín, Alemania, que están haciéndose cargo de esta situación. Para ellos, el momento crucial llegó cuando sus hijos -Max, de siete años, y Maya, de nueve- empezaron a pelearse. Su madre, Hanna, se dio cuenta de que el gran número de clases extraescolares que tenían -violín, piano, fútbol, tenis, esgrima, voleibol, taekwondo, bádminton y clases particulares de inglés- les estaba distanciando. "Cuando era pequeña, tenía mucho tiempo libre para estar con mis hermanos; nos llevábamos, y nos seguimos llevando, muy bien". "Cuando observé el repertorio de actividades de mi familia, me di cuenta de que Max y Maya no tenían casi tiempo para estar juntos porque uno u otro siempre salían de casa corriendo para ir a alguna de sus clases". Decidió reducir a tres el número de actividades extraescolares por niño. Los niños no echan de menos los cursos que eligieron dejar y la armonía entre los hermanos ha vuelto al hogar de la familia Kessler. "Ahora nos llevamos muy bien", dice Maya. "Nos divertimos mucho juntos". Max pone los ojos en blanco. Maya le fulmina con la mirada y parecería que, por un momento, las viejas hostilidades podrían reanudarse. Aunque los dos se ponen a reír. Hanna sonríe. "Nunca más volveremos a estar tan ocupados", reconoce.
con el objetivo de que los jóvenes vuelvan a disfrutar haciendo deporte, las ligas deportivas están tomando medidas drásticas contra los padres que dan alaridos desde los banquillos, y están haciendo hincapié en que lo importante es aprender y disfrutar jugando, y no el hecho de ganar a toda costa. Un equipo de hockey sobre hielo de Toronto compuesto por niños de 10 años ha dejado de hacer estadísticas sobre sus resultados personales garantizando que cada niño, independientemente de su capacidad, juega el mismo tiempo. El resultado: los niños han vuelto a interesarse por el hockey, han mejorado su juego y han ganado casi veinte torneos en tres años.
Incluso los padres defensores a ultranza del deporte están aprendiendo a relajarse. Vicente Ramos, un abogado de Barcelona, tenía por costumbre controlar desde los lados del campo a su hijo Miguel, de 11 años, mientras jugaba al fútbol. La mayoría de las veces le gritaba: "¡Corre hacia el centro! ¡Pasa la pelota! ¡Recupera la posición!". Después, cuando volvían a casa en el coche, le comentaba el partido y le ponía muy poca nota. Un día, Miguel, un chico fuerte, ágil y con una habilidad increíble para tirar con el pie izquierdo, le dijo que no quería jugar más al fútbol. "Me quedé anonadado", dice Ramos. "Nos peleamos y discutimos gritándonos, y al final me reconoció que estaba enfadado conmigo porque siempre le estaba controlando".
Ramos decidió tomárselo con calma. Ahora, lleva a Miguel algunas veces al campo y se queda esperándole tomando un café en un bar cercano. Si decide quedarse en el banquillo, le hace muy pocos comentarios. Cuando vuelven a casa, no le corrige y a menudo los dos hablan de muchas otras cosas que no son fútbol. Ramos se siente sorprendido y aliviado al comprobar que su humor ha cambiado al no pensar si su hijo ha tenido suerte o no en el campo. Y lo más importante es que Miguel ha redescubierto su amor por el fútbol y siente que juega mejor. "Ahora sólo pienso en el juego y en lo que voy a hacer con la pelota en vez de sentirme agobiado esperando los gritos de mi padre", reconoce. "Es un gran alivio".
otra de las situaciones que también está cambiando es nuestra tendencia a envolver entre algodones a los chicos para protegerles del más mínimo riesgo. Los niños de tres años de un jardín de infancia de Escocia pasan el día en el campo soportando el riguroso frío, haciendo hogueras y conociendo las setas más venenosas. Seguro que se hacen arañazos o se queman, pero vuelven al colegio más felices y seguros de sí mismos, y menos propensos a enfermedades y alergias. Y si no, hojeen el éxito mundial El libro peligroso para niños, un práctico manual lleno de ideas para que los chicos se diviertan con todo tipo de juegos de alto riesgo, desde carreras de karts hasta cómo hacer tirachinas o catapultas.
Todos estos cambios implican un menor control en la atención hacia los niños y en permitir que las cosas sucedan por sí mismas en lugar de forzarlas. Pero todavía queda mucho por hacer. Necesitamos colegios, deportes, publicidad, tecnología y planes urbanos más adaptados a las necesidades infantiles. Tenemos que volver a la idea de que una parte esencial de la salud infantil es que jueguen solos, sin metas y objetivos. Una buena idea para empezar sería dejarles una o dos horas al día entretenerse ellos mismos sin la ayuda de adultos o de ordenadores.
Aunque para conseguir los objetivos, los padres tienen que aprender a relajarse. Pero ¿cómo sabemos si estamos forzando demasiado a nuestros hijos? No siempre es fácil, porque la línea entre los padres que se ocupan y los que se ocupan en exceso puede ser muy fina, aunque, con todo, hay señales indicadoras de peligro. Puede que se extralimite si le hace los deberes a su hijo o que le grite hasta quedarse ronco mientras juega en un acontecimiento deportivo; tal vez le espía mientras navega por las páginas de MySpace o no le permite arriesgarse, tal y como usted hacía a su misma edad; o quizá comprueba que se ha quedado dormido en el coche de camino a una de sus actividades extraescolares o a lo mejor le recita palabra por palabra lo que ha hecho mal.
El primer paso para relajarse sería dejar de lado el perfeccionismo. No hay una receta mágica para ser padres. La ansiedad y las dudas son una parte natural de la educación y no una señal para comenzar a controlarles al milímetro incluso con más firmeza. La infancia no es una carrera que sólo pueden ganar los mejores, los niños alfa. Cada niño es diferente. Observe a las personas de su entorno social que más admira: comprobará que han seguido varios caminos hasta llegar a ser adultos. Muchos de ellos probablemente hayan madurado tarde. Y la mayoría han prosperado en la vida gracias a no haber sido controlados al milímetro desde su nacimiento.
Aun así, una menor atención no es siempre la mejor solución. Tenemos que actuar con mano dura si queremos proteger a nuestros hijos del consumismo. Por eso, muchos padres de todo el mundo han emprendido una campaña para impedir a las empresas poner anuncios publicitarios en los colegios. Hay también una reacción contra la tendencia a celebrar fiestas de cumpleaños por todo lo alto. Son numerosos los padres que están poniendo límite al importe de los regalos e incluso eliminándolos por completo. Otros acuerdan con los invitados un importe máximo. En otras palabras, los padres están aprendiendo de nuevo el arte olvidado de decir "no".
hay muchos niños hoy día que realmente necesitan escuchar con más frecuencia la palabra "no". Aunque, al mismo tiempo que invertimos tiempo, dinero y energía en ayudar a nuestros chicos a tener un currículo impecable, tendemos a titubear cuando se trata de impartir disciplina. Parece más fácil decir sí a jugar una hora más con la Nintendo o a que dejen su cuarto desordenado. Pero los niños necesitan disciplina y firmeza de vez en cuando. Los límites les ayudan a sentirse seguros y a estar preparados para la vida en un mundo construido a base de compromisos y reglas. A veces, los niños necesitan que les digamos "no".
El resultado final es que cuando se trata de la educación de un hijo, tenemos que aprender cuándo hacer más y cuándo hacer menos, cuándo ser blandos o cuándo ser duros. Por desgracia, los padres no podemos comprar o alquilar esa sabiduría: nos sale de dentro. Conocemos a nuestros hijos como nadie, lo que significa que lo mejor para un padre es confiar en nuestros instintos. Escribí Bajo presión para dar a los lectores confianza para poner límites a la presión social y a los mensajes confusos de la industria publicitaria y de los medios de comunicación a fin de encontrar el equilibrio que mejor convenga a su familia.
En cuanto a mí, bueno, me siento mejor porque logré encontrar ese equilibrio. Hace poco, mi hijo me dijo que tenía intención de matricularse en un centro para dar clases de dibujo. Conseguí mostrar mi satisfacción sin decir "te lo dije". Es su decisión y sé que tiene que ser así. Sólo espero recordar aquella lección cuando vaya a organizar su primera exposición.
Traducción de Virginia Solans. 'Bajo presión', el último libro de Carl Honoré, editado por RBA, está ya a la venta.
Sencillamente, hermoso.

Responder a debate

RSS

Insignia

Cargando…

¡CONTÁCTANOS POR WHATSAPP!

¡GRACIAS POR TU APORTE!

Con el fin de que E.A.C. siga funcionando y puedas disfrutar de todos nuestros contenidos, puedes colaborar realizando un APORTE de cualquier cantidad.

 

 

 

 

 

 

© 2020   Creado por Violeta Zurkan.   Tecnología de

Insignias  |  Informar un problema  |  Términos de servicio